Opinión

Hay que ver el cambio

Una vez concluido de manera brillante el ciclo de reformas en el Congreso, por lo democrático del proceso y lo contundente de los argumentos, se pondrá a prueba la eficacia de la actual administración. Llegó la hora de gobernar para dar resultados.

El gobierno tiene la mesa puesta y no hay pretextos –salvo un cataclismo internacional– para lograr los dos grandes objetivos que hay adelante: crecimiento económico y seguridad pública.

Los que apostaron contra las reformas van a exigir lo imposible: resultados inmediatos, para descalificar el proceso reformador en las elecciones federales de junio del próximo año.

Para esa fecha no puede haber resultados de las reformas, pero en 2018 sí.

En caso de no tener un crecimiento económico elevado en el último tercio de la administración, con repercusión positiva en la capacidad adquisitiva del salario, el PRI tendrá que dejar Los Pinos.

Aún más: si no hay resultados palpables con las reformas aprobadas y seguimos en el promedio de crecimiento raquítico de los últimos sexenios, el viraje hacia el populismo podría ser incontenible.

Los modernizadores se han jugado todo en estas reformas, y el país también. Más nos vale que en los siguientes años el salario alcance para más y se expanda la inversión y con ella el empleo.

De lo contrario, los opositores a las reformas tendrán argumentos para decirle a todos los que han gobernado el país desde 1982 para acá que se vayan, pues toca volver a los tiempos de la decena trágica.

Para el final de este sexenio deben atenuarse realidades ominosas, como el dato (oficial) de que hay 23.5 millones de mexicanos que no tienen dinero para adquirir la canasta básica.

La desocupación tendrá que bajar, en lugar de subir como ha sucedido hasta ahora.

El consumo de las familias debe aumentar, y no recortarse como indican los números de este año.

Si no es posible realizar un cambio en esas variables de aquí al final del sexenio, los modernizadores van a perder ante el populismo en 2018 y no los sacaremos de Los Pinos, como no salen del Palacio de Miraflores en Venezuela a pesar de su desastre.

El otro gran desafío es la seguridad pública y Estado de derecho.
No basta con capturar a El Chapo Guzmán, pues lo que se reclama es seguridad personal y patrimonial para ciudadanos y empresas, que no la hay en una buena parte de los estados de la República.

Resulta alentador saber que en Matamoros van a construir un mega puerto que servirá para multiplicar la actividad comercial derivada de la reforma que se acaba de aprobar. Excelente.

Pero, ¿quién va a tener el control del puerto? ¿Los Zetas?, ¿o Los templarios, como ocurría con el puerto de Lázaro Cárdenas, uno de los principales del Pacífico?

¿Van a poder los gobernadores del Golfo de México? No han sido capaces ni de poner orden en el ferrocarril llamado La Bestia, donde se extorsiona, roba y mata a centroamericanos que viajan en el techo del tren. Tienen que irse varios.

Después de la aprobación de las reformas en el Congreso, el gobierno tiene que gobernar. Hacer visible el cambio. Los funcionarios y gobernadores que no puedan con la tarea tienen que irse.