Opinión

Hay de marchas a marchas

    
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Martí Batres

Los sociólogos que siguen de cerca aquellos movimientos que se gestan en la movilización de la sociedad civil, motivada por afrentas mayores, apuntan que éstas representan un parteaguas que seguramente provoca una reacción ya sea para someterlas o para de plano romper paradigmas.

La marcha del domingo es contra Donald Trump y sus medidas racistas y xenofóbicas, es también por la unidad nacional y por apuntalar al gobierno mexicano en sus negociaciones y reclamos contra la administración del magnate inmobiliario.

Son pocas las ocasiones en que marchan codo con codo, estudiantes, obreros, amas de casa, empresarios, profesores, sindicatos, burócratas, campesinos y personajes públicos de todos los sectores de la sociedad civil, y ésta –la del domingo– tiene tientes para ser considerada histórica y que seguramente atraerá la mirada del mundo hacia México, ante el atropello del que es objeto por parte del presidente de Estados Unidos.

El empoderamiento de la sociedad civil en el siglo XXI ha sido gradual pero constante. En 2004 ocurrió una marcha por la paz y seguridad, llamada la marcha del silencio, en la cual participaron más de un millón de mexicanos que, vestidos de blanco, salieron a las calles clamando justicia, y que no obstante molestó a las autoridades, como al entonces jefe del gobierno capitalino, léase Andrés Manuel López Obrador, quien la calificó como una marcha de pirrurris. La expresión ciudadana generó un cambio de las políticas públicas en la materia, donde por primera vez se le dio voz y voto a la sociedad civil en el Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Años después, en el marco de una reunión con ese Consejo, que entonces encabezaba el presidente Felipe Calderón, los reclamos ciudadanos en materia de inseguridad seguían siendo similares, el índice de secuestros había aumentado, se hablaba de desaparecidos y muertes colaterales en la lucha contra la delincuencia organizada. El dolor y la impotencia de padres de familia quedó de manifiesto ante las autoridades: El “si no pueden renuncien”, de Alejandro Martí, se hizo célebre.

Hoy la causa es la unidad nacional, pero lamentablemente también puede ser un filón de oro para aquellos políticos oportunistas que tratan de llevar agua a su molino, unos para atacar al gobierno peñista y otros para alabar a sus líderes partidistas, lo cual desviaría los objetivos con los que se ha lanzado la convocatoria y en caso de que eso suceda la intención de los asistentes podría ser manipulada.

Al respecto, el vicecoordinador de la bancada del PRI en la Cámara Baja, el diputado Jorge Carlos Ramírez Marín, dijo que no debe ser motivo de preocupación la participación de los partidos políticos. “Lo que debe preocuparnos es aquellos a quienes no les interesa México” y se refirió a todos esos grupos que ven estos movimientos como una oportunidad para vandalizar; que viven y han lucrado con la violencia.

Por su parte, Manuel Clouthier, diputado independiente, nos comentó que está bien la iniciativa de la marcha ciudadana, aunque definió a la misma como “un distractor”. “Tenemos muchos asuntos pendientes en este país como para andar ocupados ahorita de un payaso”. No voy a asistir, me voy a mi tierra, nos dijo.

Morena no participa, PRD se inclina por acudir a título personal y así por el estilo, lo cierto es que ésta si es una marcha y no aquellas que son propiciadas por los mercenarios de la manifestación y el engaño. Sin duda, hay de marchas a marchas.

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