Opinión

¿Hay “brotes verdes” en nuestra economía?


 
Prevalece la debilidad en la actividad económica local. Tras el sorpresivo y acelerado deterioro observado en la primera mitad del año, recientemente la actividad comienza a mostrar algunas señales alentadoras. No obstante, es de esperar que la recuperación en la economía se presente a un ritmo gradual y sentando mejores bases para el siguiente año. Aquí algunos “brotes verdes” que sugieren este tipo de recuperación.
 
Cabe recordar que al menos cuatro factores contribuyeron al inesperado debilitamiento económico experimentado en el año –posiblemente en orden de importancia. Primero, la desaceleración de la demanda externa, en particular de la industria manufacturera estadounidense. Segundo, el subejercicio del gasto gubernamental a nivel local. Tercero, la crisis inmobiliaria concentrada en uno de los modelos de negocio de mayor crecimiento durante el gobierno anterior. Cuarto, la erosión del poder adquisitivo asociado al choque inflacionario de principios de año.
 
Si bien consideramos que estos factores han ejercido un efecto adverso sobre la actividad, los clasificamos como de influencia transitoria. No obstante, lo anterior no significa que podemos esperar que sus efectos adversos de desvanezcan de la noche a la mañana y que condicionen un agudo repunte en la actividad antes de que cierre el año.
 
Partamos del último dato de actividad económica de naturaleza más general. El indicador global de actividad económica (IGAE), proxy del PIB mensual, mostró  un avance anual modesto en el mes de agosto (0.8 por ciento). No obstante, al ajustar tal ritmo de crecimiento por factores de calendario y festividades móviles, se observó una aceleración a un ritmo anual de 1.4 por ciento desde 1.1 en julio. Más aún, la tendencia de los componentes de este indicador sugiere la posibilidad de que la actividad haya mostrado un punto de inflexión en algún punto a finales del verano.
 
Con datos más recientes (septiembre), el comportamiento de los componentes de la balanza comercial parecen confirmar una recuperación en marcha. Por un lado, las exportaciones manufactureras avanzan de manera sostenida, destacando las exportaciones del sector automotriz que han repuntado fuertemente entre agosto y septiembre a un ritmo de dos dígitos en su avance anual.
 
Por otra parte, el avance anual en las importaciones de bienes de consumo habla de una reactivación en el consumo privado a nivel local. No obstante, las letárgicas importaciones de bienes de capital limitan el tono positivo sugerido por la mayoría de los elementos de la balanza comercial en cuanto a lo que parecen reflejar respecto a la actividad económica local. Adicional a lo anterior, resulta alentador observar que entre julio y agosto el crecimiento anual del salario real se ha vuelto a colocar en territorio marginalmente positivo tras la erosión evidenciada entre la primavera y el verano de este año, donde el choque inflacionario adverso jugó un papel central.
 
No obstante todo lo anterior, si bien existen señales de reactivación alentadoras, considero que esta dinámica se presentará de forma gradual de aquí al final del año y sentando mejores bases para el crecimiento en 2014. Así, las proyecciones de 1.2 por ciento de avance del PIB para este año y de 3.8 por ciento para el siguiente lucen válidas.
 
¿Dónde están los riesgos? Sin duda, la posibilidad de que la recuperación económica en EU no logré consolidarse al ritmo que esperamos para este y el siguiente año (1.6 y 2.6 por ciento anual respectivamente) se encuentra al centro de la incertidumbre de pronóstico. No sólo estaríamos pensando en el desempeño manufacturero en EU, sino también en el comportamiento de las condiciones financieras en un contexto de posible anuncio de desaceleración en el ritmo de compras de la Fed a principios del 2014 y de nuevos dramas fiscales en EU de aquí a las elecciones intermedias de noviembre 2014.
 
 
Twitter: @joelvirgen