Opinión

Hay algo muy podrido entre nosotros

 
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[Cuartoscuro/Archivo]   Fueron encontrados dentro de una cajuela con impactos de bala.

Es imposible no verlo, está en todos los medios, moldea los comentarios y se cruza en todas las ocasiones. Hay miedo en todas partes, pues todos nos sabemos vulnerables. Veamos, al azar, algo de lo ocurrido en las últimas 36 horas: Cuando realizaban un recorrido de rutina en el sector Asturias, la patrulla DF208-C1 que circulaba con las ventanas abiertas, sus ocupantes fueron sorprendidos por dos jóvenes que sin mediar palabra arrojaron dos bombas molotov al interior de la unidad. Un vendedor de tamales reportó en la colonia Pedregal de San Nicolás en la Delegación de Tlalpan a un joven que previamente fue golpeado en el rostro y terminó asfixiado con el cable telefónico de una caseta pública. Una pareja que circulaba en la autopista México-Puebla, a tres kilómetros de San Martín Texmelucan, fue cercada por ocho individuos que golpearon al conductor, violaron a su esposa e hija, ésta de 14 años, y mataron al bebé de dos años.

Enfrentamiento en Los Cabos deja ocho muertos incluido un marino. Células criminales reclutaron a 30 mil menores en tan sólo tres años, quienes fueron usados para el tráfico de drogas, extorsión y piratería, revela la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y finalmente, de acuerdo con la Fiscalía General de Sinaloa, abril cerró con la cifra más alta de asesinatos violentos en lo que va de este año. En otras palabras, van 541 homicidios más que en el mismo periodo del pasado 2016.

La lista de asesinatos y actos violentos pudiera continuar hasta hacerse prácticamente infinita. Si ponemos de lado a los parientes de los asesinados de formas tan variadas, prácticamente a nadie le importa. Sólo queda el tufo del miedo al saber que, cualquiera de nosotros, por cualquier motivo e incluso con falta de ello, puede ser navajeado, ahogado, rociado con gasolina y quemado, torturado, colgado, arrojado a las vías del tren o enterrado vivo.

Si bien las autoridades de aquí y allá, en todos los puestos y en todo el territorio nacional, informan que han trabajado, pareciera que la realidad las desmiente y nos ofrece un cuadro siniestro.

¿A qué se debe tanta violencia, tan extrema y tan repetida? Contrariamente a algunas tesis, el finado Rafael Ruiz Harrel sostenía que la pobreza no es el elemento determinante, sino el contraste entre opulencia y persistente carencia de lo indispensable. El inmenso Bertrand Russel, en su autobiografía editada en 1967 por Stock, dice en la página 237: Cuando veo humear los cadáveres de gente inocente y la desesperante indolencia e ineficiencia de las autoridades, percibo con claridad que algo muy podrido lo ha inducido.

Seguramente que en las horas que vivimos expresaría algo semejante y quizás hasta peor. Claude Jullien en El suicidio de las democracias, editado por Extemporáneos en 1975, escribe en la página 8 lo siguiente: En un mundo tan desigual, los medios masivos de comunicación, al mismo tiempo que deja entrever un porvenir admirable, presentan a diario una increíble dosis de imágenes brutales de un universo donde reinan la violencia, la miseria, el menosprecio, la muerte y nadie duda en creer que eso es parte de nuestra vida democrática.

Los psicólogos y antropólogos se han cansado en repetir que nuestra naturaleza está nutrida por instintos indomables a los que sólo la educación y la autosatisfacción pueden domar. No obstante, consideran que el medio en que nos desarrollamos es lo que resulta definitivo en la franja de la violencia que, como hemos visto en los últimos años, se da en lo que pudiéramos calificar como gratuidad, sin explicación aparente.

El hecho es que los esfuerzos por controlar ese folio anárquico no han sido eficientes. Y lo que es peor, nada parece que se está realizando para disminuir y arrinconar ese nefasto fenómeno.

¿Están condenadas las nuevas generaciones de mexicanos a padecer ese flagelo y hasta sufrir, como indican las cifras, aumentos considerables?

Los arrestos a gobernadores, diputados y otros actores nos dicen que nada de esto se explica sin la complicidad de intereses con los violentos. Por ello no resulta exagerado hacer nuestra la frase de Bertrand Russel: algo muy sucio y podrido se da entre nosotros.

Twitter: @RaulCremoux

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