Opinión

Hampones

No hay ley ni autoridad que la imponga o defienda. No hay límite civil o urbano que contenga a la horda de truhanes que componen la CNTE en Oaxaca. El gobernador Gabino Cué se convirtió tristemente en la más débil y frágil sombra de sí mismo. Pasó de promesa democrática, aliancista, plural y dialogante, a rehén de esta banda incontenible de chantajes y extorsiones. Y lo peor de todo, es que no existe hoy un escenario viable de que esto se modifique para beneficio de la ciudadanía.

El gobierno federal ha abandonado a Oaxaca a su propia suerte. No hay presencia de fuerzas de seguridad como en Michoacán o en Tamaulipas. No está en el mapa de estados en situación de alerta por el crimen organizado o por el narcotráfico y su creciente penetración en todas las esferas de la vida pública, social, comercial de las zonas donde se les combate.

Oaxaca ha sufrido un gradual proceso de deterioro en todos los niveles. El sector turístico afectado y en decremento. Los comercios y tiendas de la ciudad capital, registran ventas a la baja. La principal actividad generadora de empleos (las dos anteriores, turismo y comercio) ha sido golpeada por el ánimo belicoso y de confrontación que se vive en la capital.

El gobierno del estado ha sido incapaz de acotar o limitar los excesos de este grupo de mafiosos que han secuestrado la educación, dañado y perjudicado gravemente a generaciones enteras de niños y jóvenes. Han lastimado al comercio, al turismo, a la imagen exitosa de Oaxaca como centro gastronómico, artístico, cultural, arqueológico, textil y de múltiples facetas de esa tierra rica y generosa. Desde Heladio Ramírez, los gobernadores han sido presa continua de las extorsiones de estos hampones, que se acostumbraron al dinero fácil, al subsidio automático, a los fondos que el gobierno estatal pagó en sobresueldos, prestaciones, instalaciones, jubilaciones y docenas de canonjías para mantener –y desgraciadamente fortalecer– a esta mafia enquistada como un tumor en Oaxaca. Ningún gobernador, Diódoro Carrasco, José Murat y Ulises Ruiz fueron capaces de contener o limitar a estos pillos, dejando un problema de graves dimensiones que ahora heredó Gabino Cué.

El secretario de Educación, Emilio Chuayffet, ha declarado más de una vez que la reforma educativa se aplicará con todo y los de la CNTE y su conflictiva sección 22. Lo cierto es que esto ha probado su imposibilidad técnica y práctica, pues estos activistas se han atribuido la facultad de regular “su propio sistema educativo”. Hoy presionan a los legisladores estatales para que modifiquen a modo la iniciativa que el gobernador Cué presentó ante el Congreso local para beneficiarlos y protegerlos.
Si Fausto Vallejo en Michoacán resultó insostenible por su incapacidad e impericia para contener al narco, La Familia, La Tuta y Los Templarios, Gabino Cué ha probado no sólo su ineficiencia en imponer un Estado de derecho para controlar y encarcelar a los delincuentes que rompen, invaden, amenazan, destruyen y extorsionan. Peor aún, hoy les otorga más privilegios y prestaciones, negocios, formas de financiamiento y concesiones. Lamentable, en vez de atacar a los criminales, de encarcelar a los que violan la ley, de terminar de una vez por todas con el secuestro total e indefinido de la educación estatal, el gobierno local cede a sus presiones, es presa de su chantaje y extorsión.

Alguna autoridad en el país tendrá que atender con precisión y delicadeza el caso Oaxaca, pero sobretodo con firmeza. Y no hay mucho tiempo, porque al paso que pinta el escenario, sólo falta que esta banda de hampones, imponga a su propio gobernador y despachen desde la casa de gobierno. Aunque hay quienes sugieren que eso ya sucedió con el actual titular del Ejecutivo.