Opinión

Hacia una estimación más realista de la distribución del ingreso

 
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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

La medición del ingreso de los hogares es uno de los desafíos más importantes de los institutos de estadística y de los académicos en el mundo.

El reto es mayor en países que no cuentan con buenos registros administrativos sobre el ingreso de las personas, como el nuestro, y por tanto la información proviene de encuestas en hogares.

En todos los países que captan el ingreso a partir de encuestas en hogares existe una diferencia entre los ingresos captados por encuestas como la Encuesta Nacional de Ingresos y Gasto de los Hogares (ENIGH) y el dato del ingreso disponible del Sistema de Cuentas Nacionales (SCN). Hay algunos razonamientos conceptuales que lo explican, como el hecho de que las remuneraciones en el SCN incluyen las contribuciones a la seguridad social, mientras que las respuesta de los hogares en la ENIGH reflejan lo que los miembros del hogar reciben neto como remuneración; no obstante, las explicaciones más relevantes tienen que ver con el truncamiento y el sub-reporte.

El truncamiento se origina por la dificultad de las encuestas de captar información de los hogares de más altos ingresos. El sub-reporte puede existir a lo largo de toda la curva de distribución de los hogares de acuerdo a su ingreso, siendo mayor entre más elevado sea el ingreso.

Lo anterior se agrava en países como México, con una mala distribución del ingreso, una muy extendida cultura de evasión fiscal y problemas de inseguridad que dificultan la captación de información sensible.

La subestimación de los ingresos en la encuesta tiene implicaciones serias para la medición de la distribución del ingreso. Por ello resulta de la mayor importancia la investigación realizada por Gerardo Leyva y Alfredo Bustos, investigadores del INEGI, y publicada en la revista Este País con el mismo título de este artículo.

La investigación, que combina información de la ENIGH, el Sistema de Cuentas Nacionales y los registros del SAT, a los que pudieron acceder de manera anonimizada gracias a una reforma que se promovió en el Senado en el 2013, muestra que la distribución del ingreso es mucho peor de lo que dicen las encuestas en hogares.

Con datos del 2012, de acuerdo a la ENIGH, el 10 % de los hogares con mayores ingresos percibía 19 veces que lo que el 10 % de los hogares con menores ingresos. Con este ejercicio es 57 veces. El coeficiente de Gini, que muestra mayor desigualdad conforme se acerca a uno, resulta con un valor de 0.63, lo que contrasta con el 0.44 de las cifras originales de la ENIGH.

Estas cifras muestran la importancia de medir mejor el ingreso, combinando diferentes fuentes de información.

El autor es profesor asociado del CIDE.

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