Opinión

Hacia las naciones horizontales

10 febrero 2014 4:22 Última actualización 25 septiembre 2013 5:2

Carlos Javier González
 
 
En días recientes se dieron dos eventos aislados entre sí y que, sin embargo, dejan ver de manera clara el sentir y la nueva conformación de la sociedad nacional en nuestro país, misma que comienza a organizarse en función de sus intereses, los que cada vez más se identifican con las necesidades económicas y estilos de vida y van dejando atrás a las identidades originarias que conforman a la nación. Más allá de las fiestas patrias que unifican, por lo menos por una noche. A todos los mexicanos, existe el surgimiento de una nueva nación global que se basa en identidades actuales y futuras sin importar demasiado los orígenes históricos.Con la presentación de la reforma hacendaria realizada por el presidente de la República, se tuvieron reacciones adversas de aquellos que sienten que siempre se les carga la mano y son los llamados causantes cautivos. Los grandes capitalistas y empresarios tampoco se sienten satisfechos con la eliminación de diversos regímenes especiales que les quitan privilegios y que los obligan a aportar cada vez más para el gasto público; y las clases medias se ven afectadas y alzan la voz contra lo que consideran injustos impuestos que afectan gravemente un estilo de vida determinado.
 
Nadie ha puesto sobre la mesa –salvo el gobierno, obviamente– la necesidad de reforzar las finanzas públicas por una razón de equidad y de solidaridad social. La ecuación en México es muy desequilibrada por las grandes desigualdades que aún privan en nuestro país, y que hacen que los pobres sean cada vez más pobres y que no se haya podido dar el salto hacia la consolidación de una clase media mayoritaria. En este contexto, era de esperarse que se hubieren inconformidades y quejas, lo que sin duda alguna pasa en todos los aumentos de impuestos. Esto nos lleva a pensar que cada vez más, las naciones globales se identifican más en función de sus opciones y estilos de vida que en razón de raíces históricas.
 
No es descabellado pensar que un habitante de Polanco en la ciudad de México tiene mucho más en común con un habitante de Palermo en Buenos Aires o de Miraflores en Lima, mientras que un indígena tzotzil comparte la pobreza y la marginación con etnias indígenas de Tucumán o de los Andes peruanos o bolivianos. Es así que comienzan a conformarse estas nuevas identidades, derivadas de la globalización, en que se incrementa no sólo marginación social y económica, sino que se acrecenta también la segregación por falta de identidades y de proyectos de nación en común. Mientras esto sucedió con la reforma hacendaria, la otra cara de la moneda se vio con los desastres naturales provocados por ‘Manuel’ e ‘Ingrid‘ en prácticamente todo el territorio nacional.
 
Ahí se vio de manera clara la solidaridad de buena parte de la población que sin importar preferencias políticas o clases sociales, han aportado donativos en especie o efectivo para resarcir las condiciones de vida de quienes han perdido todo. Eso es solidaridad social. Entonces surge la pregunta, ¿será que no existe en verdad solidaridad social o más bien es que el ciudadano no confía en que el manejo de sus recursos vaya a ser honesto cuándo se trata de un manejo gubernamental? Pareciera ser que la convicción social es que no existe obligación de pagar impuestos en tanto no se vea que contribuyen realmente al desarrollo de sus países. Lo que es verdaderamente novedoso en este escenario, es que ahora los grupos sociales comienzan a compartir intereses y proyectos de vida independientemente del país en que vivan, ya que esta identidad comienza a generalizarse en esta aldea global. Sin embargo, el riesgo es que los estados dejen de ser naciones hasta que efectivamente, muera la solidaridad social. La solución la tienen los gobiernos que deben responder a todos y ver por todos. Difícil encomienda, pero para eso están.
 
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