Opinión

¿Hacia la estanflación?

10 febrero 2014 4:50 Última actualización 26 agosto 2013 5:10

 
 
Rodolfo Navarrete
 
 
De la noche a la mañana, de ser el país estrella para los medios extranjeros, México ha visto deteriorada su perspectiva económica, convirtiéndose en “otro punto débil en la economía mundial” como señalara la semana pasada el WSJ. Esto obedeció a la fuerte caída de la economía en el segundo trimestre con respecto al anterior, lo cual ha obligado a la SHCP a revisar a la baja su estimación de crecimiento de 2013, desde 3.5 por ciento considerado en el presupuesto de dicho año a 1.8 por ciento, justamente el nivel que estábamos estimando hasta antes de conocer esta noticia. No obstante, el efecto de esta actuación no es neutral.
 
 
Uno de los efectos más importantes de esta nueva proyección es que la SHCP tendrá que bajar sus estimaciones de los ingresos públicos para el presente año, por lo que aumentará el déficit fiscal, que podría ser muy mal visto por las calificadoras internacionales de riesgos.
 
 
Sin embargo, para evitar que alguna calificadora baje el rating de la deuda soberana mexicana, el gobierno tendrá que sostener su decisión de principios de año de equilibrar el déficit público (en su versión más light), por lo que tendrá que reducir aún más el gasto público y proponer una agresiva reforma fiscal que mejore las finanzas durante los próximos años, debido a la menor transferencia de recursos que se espera debido al probable cambio del régimen fiscal de Pemex.
 
 
Esto, aunado a la crisis de las grandes empresas constructoras de vivienda (Homex, por ejemplo, pasó de construir 11 mil 154 casas en el segundo trimestre del año pasado a 710 en el correspondiente trimestre del presente año, de acuerdo a su último reporte a la Bolsa Mexicana de Valores) y los efectos de repercusión que ha tenido sobre otros sectores relacionados como la banca comercial, que tuvo que aprovisionar según nuestras estimaciones, alrededor de 40 mil millones de pesos por los créditos a dichas empresas; las afianzadoras; las aseguradoras; la banca de desarrollo, y las empresas productoras de cemento, acero, cobre, madera, cerámica, vidrio, etc., permite augurar un mal desempeño de la economía en lo que resta del año.
 
 
Si bien es de esperar que el resto del sector asuma la parte de mercado que tenían estas empresas, es claro que esto tendrá que suceder poco a poco y en el mediano o largo plazos, debido a varios factores que limitarían este proceso, como es la existencia de un elevado inventario de casas sin habitar; la limitada capacidad de producción de las empresas hoy existentes; la probable astringencia crediticia que la crisis de las grandes empresas de vivienda podría generar sobre el resto del sector, y la debilidad económica que afectará la demanda de vivienda. Por lo anterior difícilmente podría verse una recuperación del sector en el segundo semestre. Dentro de algunos años, tal vez.
 
 
Por lo que se refiere a los efectos de la recuperación de EU sobre el crecimiento económico mexicano todavía está por verse, tanto por lo que se refiere al propio desempeño de ese país, como por lo una leve evidencia de que al parecer lo que está creciendo en ese país tiene poco eslabonamiento con la economía mexicana. Al día de hoy, el promedio de los economistas estadounidenses estima que ese país crecerá 1.7% durante este año.
 
 
Por otra parte, de ser efectivamente agresiva la reforma fiscal (misma que podría contemplar aumentos en los impuestos y en los precios y tarifas públicas, principalmente), tendría efectos recesivos en el corto plazo, aunque en el mediano provocaría una mejoría de los balances macroeconómicos que podrían alentar una mayor inversión privada. Pero no sólo eso, tales incrementos de impuestos de una u otra forma tendrán que ser trasladados tarde o temprano a los precios de los productos finales por lo que no podría descartarse un fuerte rebote de la inflación a partir de enero del próximo año, fecha en que empezará a regir el nuevo presupuesto público.
 
 

Si bien la reducción actual del ritmo de crecimiento económico mexicano aunado a una baja inflación constituyen una combinación óptima para una posible disminución en la tasa de interés de política monetaria, esto no será factible debido al menos a dos razones: a) una disminución de la tasa de referencia podría provocar una mayor salida de capitales del país en circunstancias en que el Fed estadounidense se encuentra, al parecer, en vísperas de iniciar el retiro de estímulos monetarios y agravado por la percepción de que repentinamente México habría pasado a formar parte del grupo que conforman la India, Indonesia, Brasil y Turquía, países que están sufriendo ataques especulativos contra sus monedas; y b) sería contraproducente bajar la tasa de interés para luego volverla a subir en vista de que para inicios de septiembre se tiene contemplada la presentación de la propuesta de reforma fiscal, misma que se instrumentaría a inicios del próximo año y que como se acaba de señalar puede tener efectos claramente inflacionarios. A consecuencia de lo anterior, estamos bajando nuestra estimación del crecimiento del PIB de 2013 de 1.8 a 1.1 por ciento, mientras que la estimación de 2014 la estamos reduciendo de 3.1 a 2.3 por ciento. Nuestra estimación de la inflación para 2014, que hoy tenemos en 4.73 por ciento, y que contempla sólo la homologación del IVA a alimentos y medicinas tendrá que ser revisada al alza una vez conocidos los detalles de la reforma fiscal que se presentará el próximo 8 de septiembre.
 
 
Economista del sector privado.