Opinión

Con Trump, principios, objetivos y ¿estrategia?

 
1
 

 

Enrique Peña Nieto, presidente de México.

El lunes pasado el presidente Peña perfiló la estrategia del gobierno para la nueva relación, negociaciones incluidas, de México con Estados Unidos en la era Trump. Para ello, planteó cinco principios: soberanía, Estado de derecho, visión constructiva, integración norteamericana y negociación integral. En general, los principios fueron compartidos por diversas organizaciones empresariales (Consejo Coordinador Empresarial) y de la sociedad civil (Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, Comexi) ya que, en buena medida, eran obvios.

Por el lado de los objetivos, destacan los relativos a los aspectos económicos (no porque los otros sean menos importantes): comercio, empleo y salarios, e inversiones. Para las negociaciones comerciales o la revisión del TLCAN el presidente planteó “preservar el libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México sin cuotas ni aranceles”, cuando en realidad el tratado no ha funcionado sin obstáculos recurrentes por parte del gobierno y los productores estadounidenses argumentando asuntos de seguridad (transporte transfronterizo), supuestas prácticas desleales de comercio y/o dumping (azúcar, tomate), aspectos sanitarios (calabaza, pepino, lechuga), protección animal (afectación a delfines en la pesca de atún) o requisitos burocrático-administrativos (etiquetado de cárnicos y certificados para el aguacate de Jalisco). En la mayoría de esos casos, el gobierno de México ha aceptado diversas concesiones como retrasar la entrada en vigor de los acuerdos pactados o la imposición de medidas no arancelarias (cuotas y precios mínimos) a los productos impugnados. Así, aún sin Trump la historia de un comercio libre con Estados Unidos (EU) no es favorable, a lo que se suma que Canadá negociará el TLCAN por su lado, lo que podría eliminar la trilateralidad del acuerdo y pondrá en desventaja a México en la negociación.

La propuesta de incluir nuevos sectores (telecomunicaciones, energía y comercio electrónico) hace sentido en la medida que cuando se firmó el TLCAN en 1993 se excluyeron o no existían como actividades relevantes. En todo caso, pareciera que con las reformas estructurales el libre comercio con EU en esos sectores ya es una realidad y no cambiará su estatus por incorporarlos formalmente al tratado. La pregunta relevante es si México pedirá algo a cambio por incluirlos.

En el tema de empleo-salarios, que se vincula con migración —retorno forzado de trabajadores mexicanos que generará presiones para la generación de puestos de trabajo— no es un asunto de negociación con EU sino de establecer políticas internas adecuadas, que necesariamente se vinculan con la productividad. Si bien en los últimos años se registró una recuperación moderada de los salarios reales (0.7 por ciento por año en 2012-2016) y a principios de 2017 se inició una corrección del salario mínimo, en 2015-2016 la productividad laboral disminuyó 2.5 por ciento, con lo que se interrumpió el incremento sostenido que se observó desde 2010 (1.1 por ciento por año). Ello, junto con el repunte inflacionario, podría poner en riesgo la recuperación de las remuneraciones reales en la economía y el objetivo de “mejores salarios para los trabajadores en México”, que expuso Enrique Peña Nieto.

El objetivo de “proteger el flujo de inversiones hacia México” también es y será producto de las políticas internas que se establezcan. Más allá de las amenazas de Trump a empresas estadounidenses por invertir en México, su oferta es reducirles los impuestos sobre la renta e instrumentar estímulos fiscales por la repatriación de utilidades, lo que haría más atractivas las inversiones en ese país. ¿Se modificará el marco fiscal (tasas, deducciones) del ISR a las empresas para incrementar y aproximar la competitividad de las inversiones en México?

Hasta ahora las autoridades han intentado transmitir en el país que habrá firmeza en las conversaciones con EU; ya veremos si efectivamente se aplica en las mesas de negociación. Además, no hay duda de que existen tareas pendientes que habría que atender en paralelo.

Twitter: @ruizfunes

También te puede interesar:
Suelos y seguridad alimentaria
Otro 'acuerdo' inútil
¿Y el gasto público qué?