Opinión

Hacia el fin del embargo

El lunes se publicó en Estados Unidos el texto de una carta que 44 personalidades del mundo diplomático, político y académico de ese país le dirigen al presidente Barack Obama. El tema central es la búsqueda de mecanismos para construir un mayor acercamiento con Cuba y reiniciar el diálogo serio y constructivo, además de permitir que miles de cubanos y sus descendientes que viven en EU puedan viajar a Cuba, enviar bienes, alimentos y por supuesto fondos económicos.

Se trata tal vez de la iniciativa más sólida y concreta para abordar el espinoso tema del embargo en las últimas décadas. El embargo, mediante el cual Washington bloqueó con éxito y eficiencia la interacción de la isla con el mundo por 60 años, es hoy un rasgo anacrónico de la Guerra Fría. Los políticos y exfuncionarios le solicitan a Obama “apoyar a un amplio espectro de la sociedad civil e independiente y a organizaciones no estatales creadas para impulsar la economía individual y civil independientemente de la orientación política”. En una palabra, abrir las puertas, derribar el absurdo embargo en pleno siglo XXI e iniciar una nueva era de relaciones.

Son cuatro los puntos que aborda el texto: flexibilizar el otorgamiento de permisos de viaje para fomentar intercambios profesionales y académicos, además de impulsar la llegada de organizaciones no gubernamentales; facilitar la proveeduría de servicios financieros como seguros de viaje y tarjetas de crédito prepagadas; permitir el envío de dinero a la isla, además de bienes y productos que puedan facilitar el surgimiento de empresarios. Entre los firmantes aparecen al menos tres subsecretarios del Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos o de relación con América Latina: Alexander Watson, Jeffrey Davidow y Arturo Valenzuela, además del reconocido exsubsecretario Strobe Talbot. Aparecen también John Negroponte, exdirector de Inteligencia Nacional en la administración de George W. Bush y el almirante James Stravridis, excomandante supremo de la OTAN, entre otros.

El presidente Raúl Castro inició recientemente un proceso de reformas, entre las cuales se abrió el camino para el nacimiento de pequeñas empresas privadas. Tal vez estos pasos y su llamado a “relaciones civilizadas” con Washington han detonado que esta importante colección de personajes envíe la solicitud formal a la Casa Blanca. Otro elemento alentador en la posible reconfiguración de la política estadounidense, lo representan cifras y encuestas entre la ciudadanía, que apoya un cambio en el viejo y absurdo embargo. El 53 por ciento de los estadounidenses expresa estar a favor de un cambio en la política hacia Cuba, mientras que en Florida, el mayor reducto de los cubanoestadounidenses, 63 por ciento expresa su acuerdo. Más aún, entre los descendientes de cubanos, un sector que se pensaría el más reacio a cualquier modificación, se registró 73 por ciento a favor.

La flexibilización de políticas, la apertura de negociaciones y la gradual autorización para la transferencia y viaje de personas, bienes y recursos podría ser un instrumento vital para impulsar medidas de protección de derechos humanos en Cuba. La gran ironía del embargo es que asfixió económicamente a la isla, con excepciones como las inversiones españolas en hotelería o las nórdicas en el petróleo. Pero al mismo tiempo permitió a los Castro gobernar sin contrapeso alguno en materia internacional. Si se abre Cuba a estos beneficios, tendrán inevitablemente que dar pasos para democratizar a la sociedad y respetar los derechos humanos.