Opinión

Hacia el conflicto en China

   
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Pocos días tan malos para escribir como el lunes siguiente a una elección. Al leer, usted ya conoce los resultados, mientras que cuando escribo, no tengo idea de ellos. Aquella frase de que no hay nada más anacrónico que el periódico del día anterior se ha ido ampliando, y ya no sólo en este medio quedamos fuera de tiempo muy rápidamente, ahora también la radio y la televisión sufren del mismo mal. Para cuando aparecen, ya todos conocen la noticia a través de las redes.

Así que mejor le pongo al tanto de lo que está ocurriendo con China, antes de que le vuelvan a dar una sorpresa. Primero, permítame citar a Ruchir Sharma, actualmente jefe de estrategia global en Morgan Stanley. En un largo texto publicado este fin de semana en el NYT, Sharma hace un resumen de la situación económica de China, en la que encuentra varios asuntos complicados, que ya hemos comentado aquí en otras ocasiones.

Primero, un incremento en deuda muy significativo. Mientras que hasta 2008 China mantenía su deuda total (pública y privada) en alrededor de 150 por ciento del PIB, a partir de entonces ha sufrido un incremento de 80 puntos, y ahora se encuentra en 230 por ciento del PIB. Según Sharma, eso triplica la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos que llevó a la crisis de 2009, y duplica el incremento que ha provocado 30 crisis financieras desde la Segunda Guerra Mundial. Segundo, durante 2015 China tuvo una salida de capitales por casi 700 mil millones de dólares, que se ha incrementado en estos primeros cinco meses de 2016, por cierto.

Tercero, su moneda se ha sobrevaluado, provocando una pérdida notoria de competitividad. Finalmente, China ha empezado a perder población en edad de trabajar. Durante los próximos 20 años China perderá un promedio de 7.5 millones de trabajadores por año. La suma total, 150 millones de trabajadores, queda cerca del tamaño del mercado laboral estadounidense, para que tenga usted una idea de la magnitud.

En otra publicación, Walter Russell Mead cita a Goldman Sachs, que alerta de un creciente riesgo de que los flujos de capital se aceleren conforme el yuan se debilite. En términos de esa empresa, se mueven a una visión claramente negativa de China. Note usted que dos de los problemas que identifica Sharma están relacionados aquí de manera irresoluble: debilitar el yuan (para hacerlo competitivo) implicaría más salida de capital. Además, eso reduciría la capacidad del gobierno de cubrir las deudas, considerando que el sistema financiero chino, las empresas del Estado y los gobiernos locales son indistinguibles en términos de pago. Mead menciona además de rumores de un conflicto político entre Xi Jinping, presidente de China, y Li Keqiang, primer ministro.

Por si esto fuese poco, durante el fin de semana aparecieron varias señales de que el conflicto militar por el sur de China crece. Siguiendo su doctrina de los “nueve guiones” o “collar de perlas”, que desde hace unos años hemos comentado, China considera que tanto el mar del este como el del sur son suyos. Mientras que en el este ha reducido la presión un poco, en el sur ha empezado a construir islas artificiales que le permitan reclamar una franja de mil 200 millas de mar, prácticamente bloqueando el paso al estrecho de Malaca, por el que pasa 50 por ciento del comercio internacional. Eso es inaceptable para Estados Unidos, y debería serlo para cualquiera que crea que el libre comercio debe prevalecer.

Finalmente, el líder de la otra gran frontera china, el primer ministro indio Narendra Modi, ha iniciado un viaje por Qatar, Suiza, México y Estados Unidos, adonde llegará mañana. Espere usted una segunda mitad del año muy complicada del otro lado del mundo.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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