Opinión

¿Hacia dónde va nuestra democracia?

En un artículo publicado por “The Economist” en marzo, titulado ¿What´s gone wrong with democracy?, se plantea la interrogante de qué es lo que podemos hacer para revivir a la democracia, siendo que ésta se ha convertido en un “problema” cuando resultó ser “la idea política más exitosa del siglo XX”.

En dicho artículo se enuncia la visibilidad en las propias fallas del sistema, así como de la dificultad de consolidar nuevos regímenes democráticos en países como Ucrania y los de la primavera árabe desde el año 2010; lo que ha originado la desilusión con la política y con la democracia.

México, uno de los 120 países que vive en democracia, cuya población suma a ese 40 por ciento de población mundial que participa en elecciones libres y justas, no es ajeno a esta desilusión.

Después de haber atravesado por un proceso largo de liberalización política, que alcanzó en el año 2000 con la alternancia su parto cumbre, según el informe de Latinobarómetro, alcanzó un 63 por ciento de apoyo a la democracia en 2002, para bajar hasta el 40 por ciento en 2011; hoy hablamos de un 37 por ciento.

En un país con más de 50 millones de pobres, ésta puede ser la respuesta a la desilusión. No es que no sea importante celebrar elecciones libres y justas, sino que los resultados de la democracia no han permeado en elevar los indices de dignidad humana en nuestra población (se habla de democratizar la producción y el crecimiento). Es también la constatación de que la democracia a la que se aspira va más allá de la llamada “democracia procedimental” que postulaba Joseph Schumpeter.

La alternancia per se, suponía cambiaría los valores, las prácticas y el funcionamiento institucional de la democracia; sin embargo, esto no sucedió. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que después de 12 años de impase democrático, por fin ha llegado para México el momento de consolidar una democracia de calidad, que lleve a fundamentar que la desaprobación de la democracia no implica que los mexicanos quieran establecer otro tipo de sistema, sino que esperan resultados.

El ensayo mencionado habla de que el construir las instituciones necesarias para sostener a la democracia resulta ser un trabajo mucho más lento de lo que se suponía en el siglo XX, y a nivel estructural, el “momento” de México impulsado por el Pacto por México busca ser el arquitecto de una democracia de calidad que se traduzca a nivel institucional, pero sobre todo a nivel cultural.

Las reformas aprobadas en el 2013, las cuales se encuentran en proceso legislativo de reglamentación, buscan resolver problemas estructurales como la desigualdad social, las prácticas de abuso de poder y corrupción, a través de políticas públicas adecuadas.

Destaco, por ser materia de mi responsabilidad, a la reforma político-electoral como fundamental para afectar de forma visible el desempeño y la calidad de nuestro régimen democrático.

Pesos y contrapesos fuertes que se proyectan con las reformas aprobadas tales como la educativa, energética, hacendaria, financiera, de trasparencia, y de telecomunicaciones, son tan vitales para la consolidación de una democracia saludable como el derecho a votar; habilitar al gobierno para controlar a los gobernados y a sus intereses particulares y establecer mecanismos de autocontrol del gobierno con instrumentos como la transparencia, la rendición de cuentas, la reelección y mayores atribuciones al poder legislativo, resultan ser herramientas que restan poder a los intereses especiales, para fortalecer el interés nacional que se traduce en elevar la calidad de nuestra anhelada democracia.

*Secretario de Acción Electoral del CEN del PRI.