Opinión

¿Hacia dónde va la economía mexicana?


 
¿En qué medida la desaceleración que se presentó en el primer trimestre es un augurio de un año peor de lo que se anticipaba?
 
Aunque se esperaba que el PIB del primer trimestre creciera a un ritmo menor al de 2012, pocos estimaban que fuera tan marcado su freno.
 
De hecho, considerando una tasa de crecimiento de la población ligeramente superior a 1 por ciento, en términos per cápita, la economía descendió en el primer trimestre.
 
Claro que debe subrayarse que este impacto se vio magnificado por el "efecto Semana Santa".
 
El hecho de que esos días, en los que típicamente baja la actividad económica, hayan caído este año en marzo, mientras que en 2012 correspondieron a abril, genera un impacto que distorsiona en sentido negativo la estadística.
 
Sin embargo, aun quitando la estacionalidad, el crecimiento de 0.45% respecto del trimestre anterior implica una tasa, a escala anual, de apenas 1.8 por ciento, una cifra que no veíamos desde la crisis de 2008-09.
 
El IGAE de marzo, por las mismas razones de estacionalidad, resultó negativo en 1.8%. Y si se quita esa estacionalidad, el resultado sería una tasa anual de 2.5%.
 
Mirando hacia adelante, cuando se presenten las cifras de la actividad productiva en abril o del segundo trimestre, tendremos una distorsión en sentido contrario y habrá que cuidarse de no interpretar como si se hubiera corregido la tendencia.
 
Al observar la composición de la caída del PIB o del IGAE, puede detectarse que es el sector industrial el que más frenó, lo que debe atribuirse a la suma de factores, como el descenso en el ritmo de las exportaciones de manufacturas y, en algunos casos, incluso su caída, y también al aflojamiento de la demanda generada por el sector público, ya que las cifras del gasto público reflejan retrocesos respecto de los niveles de 2012.
 
El freno que nos viene de fuera no va a modificarse, por lo menos en los próximos meses.
 
Respecto del gasto público, es probable que los datos vayan alineándose gradualmente, por lo que podríamos esperar que desde la perspectiva de la demanda generada por el gobierno tengamos un segundo semestre mejor que el primero.
 
Sin embargo, sin duda será este un año cuyas cifras macroeconómicas estarán muy por debajo de 3.9% del año pasado y se acercará apenas a 3%.
 
Con ello, ya se está afectando el ritmo de crecimiento del empleo formal, el cual alcanzó apenas un tasa anual de 1.8 por ciento, lo que implica que en este año se crearán apenas cerca de 300 mil empleos.
 
La perspectiva económica favorable, de la que le he comentado en este espacio, tiene que ver esencialmente con el largo plazo.
 
A la vuelta de 2 ó 3 años, la economía estadounidense seguramente recobrará su paso y tendrá un efecto positivo sobre nuestro sector industrial. Y será también en ese lapso -no antes- que las reformas en competencia, telecomunicaciones y energía impacten favorablemente a nuestra economía.
 
Excluyo deliberadamente el caso de la reforma fiscal, pues lo más probable es que en el corto plazo no tenga un efecto positivo en el crecimiento, ya que seguramente afectará negativamente al gasto privado.
 
Lo que sí se puede anticipar es que si prosperan las reformas y se logra incrementar la productividad promedio de los factores productivos en México, hacia el final del sexenio tengamos un crecimiento potencial más elevado y quizás también un incremento en los niveles de vida de la gente.
 
La clave será mantener el paso con las reformas estructurales, aunque no generen rendimientos electorales para los comicios que vienen en los siguientes años, y en particular para las elecciones de diputados en 2015.
 
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