Opinión

¡Hacer a México grande otra vez!

 
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Bandera de México (Bloomberg)

Los pronósticos de hace un año le daban nulas esperanzas para convertirse en el candidato del Partido Republicano; sin embargo, la semana pasada logró asegurar el número de nominaciones que necesita para conseguirla. El mal chiste se ha convertido en una amenaza verdadera y los cimientos del muro podrían estarse empezando a presupuestar. El mero riesgo constituye un factor que nos obliga a tomar asiento, y a pensar.

Las encuestas todavía son inciertas y siguen concediendo algunos puntos de ventaja a Hillary Clinton frente a Donald Trump; pero los vientos son cambiantes, el ánimo alrededor del equipo de campaña de la antigua Secretaria de Estado disminuye y, en la misma proporción, se fortalece el de Bernie Sanders, el senador por el Estado de Vermont que persigue los votos mínimos necesarios para demostrar a sus copartidarios que, pese a todo y frente a las amenazas que se ciernen en contra de ella, podría tener un caso.

El impacto del estruendoso proceso electoral norteamericano, desde la perspectiva de México, puede analizarse desde varias aristas. Dos interesantes son las que arroja la actitud de nuestros compatriotas en el extranjero y la del Gobierno desde el interior.

A pesar de las críticas que a lo largo de los meses fueron exponiéndose, considero que ha sido todo un acierto de la administración del Presidente Enrique Peña Nieto, haber implementado y cumplido al pie de la letra la política exterior que manda la Constitución, de no intervención en los asuntos que corresponden a otro Estado soberano, máxime cuando se trata, ante todas las cosas, de la principal economía del mundo, el vecino más poderoso del planeta y nuestro socio comercial por arrolladora mayoría. El respeto oficial por el proceso electoral, a pesar de las graves ofensas de las que el pueblo de México ha sido objeto, denota una prudencia que podría llegar a rendir frutos positivos en el futuro, si la continuidad de la relación depende de la conservación del Jefe del Ejecutivo como nuestro único y más importante interlocutor.

No puede decirse lo mismo de la comunidad mexicana domiciliada en los estados del Sur de Norteamérica, que ante la presencia del candidato han elegido salir a las calles para hacer plantones o manifestaciones, y para ondear por todo lo alto la bandera de México.

 Porque es precisamente la actitud que encoleriza al electorado estadounidense, enciende el discurso y proporciona la justificación que la retórica usada por el candidato republicano está buscando para ser oído. La presencia nacionalista de las comunidades extranjeras en el suelo de los Estados Unidos constituye el peor antídoto contra quien busca su opresión.

Es previsible que si llegara a ganar Trump, no todo su contenido discursivo podrá convertirse en realidad. Muy probablemente el muro no podrá construirse, y la política de gravar las importaciones no habrá de llevarse a cabo jamás, por el impacto que tendría en perjuicio de su propia economía. Estados Unidos cuenta con instituciones democráticas que impedirían la consumación de tales arbitrariedades, si de suyo les resultan adversas. No obstante lo dicho, podrían vislumbrarse actos de la administración federal que sí tendrían un impacto negativo inmediato en perjuicio de México: obstaculización en las fronteras, deportaciones masivas, implementación de mecanismos no arancelarios para frenar el flujo comercial, detención de los procesos de legalización de inmigrantes, por citar algunos.

Creo que la coyuntura negativa del proceso electoral estadounidense puede arrojar un momento positivo para México: el de valorar el saldo que arroja la política nacional de globalización y el de ponderar la necesidad de fortalecimiento de la competitividad y funcionamiento del mercado interno. ¿Qué podría pasar en el país si se debiera reinsertar a 3 o 4 millones de trabajadores en actividades productivas en el plazo de dos años? Estamos de cara a una emergencia nacional sin precedentes, y podríamos estar siendo terriblemente ingenuos en el manejo de predicciones.

La mano de obra es un factor de la producción tan o más importante que el capital. Es incluso más poderosa si, en el mercado de destino, ésta se convirtiera en un bien escaso. En aras de ser más competitivos, es preciso que se detenga la migración desorganizada de trabajadores, y se impulsen políticas que fortalezcan su posición de negocio.

México ha emprendido un camino inigualable en el ámbito de la educación de su gente, pero los resultados están a varias décadas de distancia. Hoy, se tienen que empezar a activar políticas que incentiven la investigación tecnológica y el crecimiento de la industria nacional; que impulsen un turismo de infinitamente mejor calidad al turismo de estudiantes de primavera; que preserven nuestros recursos naturales; que fortalezcan la protección de la propiedad intelectual en campos inherentes a productos con denominación de origen, los que no se fabricarán en ningún otro lugar; que administre el crecimiento de la industria, el comercio y los servicios nacionales en función de su vocación y potencialidades, por mencionar algunos. México debe de empezar a ver hacia dentro, siguiendo el mismo ejemplo que estamos observando.

Tenemos que acabar con la inseguridad y con la violencia, pero jamás podremos lograrlo en la medida en la que los actores políticos sigan enfrascados en una lucha perenne por acceder al poder. La negatividad que imprime en el ánimo nacional la desatención de las responsabilidades que verdaderamente deben enfrentar nuestros servidores públicos y opositores, por su empeño en gastar recursos interminables en campañas electorales, ya no da más de sí. Urge ese gran acuerdo nacional por la unidad y la estabilidad.

Es un estupendo momento para entender el juego de la política en el que la retórica empleada ha llevado a caer al país entero; es un mejor momento, todavía, para volver a ¡Hacer de México un gran país otra vez!

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