Opinión

Hace falta un golpe de credibilidad

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ME. Hace falta un golpe de credibilidad.

Es bien sabido que la credibilidad se gana con mucho trabajo y tiempo, y se puede perder en un momento.

Una parte de los problemas que enfrenta el actual gobierno y específicamente el presidente Peña es una erosión de la credibilidad y el respaldo, que ocurrió en muy poco tiempo.

De acuerdo con la encuesta Parametría-EL FINANCIERO levantada del 10 al 15 de enero pasado, 53 por ciento de los encuestados desaprobó la gestión presidencial y 42 la aprobó. Esa misma pregunta, en junio del año pasado, arrojaba  52 por ciento de aprobación y 45 de desaprobación. Todo un vuelco.

No es necesario referir los diversos hechos que cambiaron tan radicalmente la opinión de la gente en unos cuantos meses.

La versión oficial es que el gobierno no se mueve en función de las encuestas ni de la popularidad.

El pasado 7 de diciembre, El País publicó las siguientes declaraciones del jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, que reflejan esa visión:

“No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo, ni a saciar el gusto de los articulistas”.

Desde esta columna hemos sostenido que, efectivamente, un mérito del gobierno es mantener claro su objetivo para el largo plazo, sin importar que pueda sacrificar el corto plazo.

Sin embargo, si la caída en el respaldo ciudadano a la gestión presidencial debilita al gobierno y específicamente al presidente, al punto de que se impida la consolidación de las reformas, entonces sí, los resultados de corto plazo amenazan a la perspectiva estratégica.

Le pongo un caso obvio: la reforma educativa puede quedar meramente en el papel si el gobierno no tiene la capacidad de concitar suficiente respaldo para derrotar a quienes desde trincheras sindicales se oponen a la pérdida de privilegios.

El caso de los anuncios de la semana pasada en torno al combate a la corrupción, es otro caso.

Supongo que antes de hacerlos se calculó que tanto la posición como la trayectoria de Virgilio Andrade, más allá de sus virtudes personales, no iban a persuadir a la opinión pública de que va en serio el combate a la corrupción.

Hace 27 años, un gobierno también tuvo la credibilidad perdida, el de Carlos Salinas cuando llegó al poder. Fue una secuencia de decisiones y de golpes de timón, la que generó nueva credibilidad y elevó la imagen.

Sin demérito de las reformas que producirán sus efectos con el tiempo, el propio proyecto reformador del presidente Peña se puede ver en riesgo si no se logra la restauración de la credibilidad y con ello se abren las puertas para que a la vuelta de algunos años, el populismo convenza a la sociedad mexicana de que es una mejor opción. Tenemos ejemplos de sobra en el mundo.

No se trata de dar sangre al coliseo, sino de tomar decisiones audaces y convincentes y dar un golpe de credibilidad que renueve la esperanza en el proyecto modernizador del país.

Mañana seguimos.

Twitter: @E_Q_

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