Opinión

¿Habrá una Cataluña independiente?

    
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Carles (Tomada de @KRLS)

El presidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, ha convocado a un referéndum el 1° de octubre de 2017 (1-O) en el que los ciudadanos podrán optar por mantener su permanencia en España o por declarar una república independiente. Frente a esta disyuntiva –mantener el status quo o la separación–, hay un diálogo de sordos entre el gobierno del PP y la coalición nacionalista catalana.

Las reivindicaciones catalanas tienen raíces muy antiguas, pero tomaron mayor fuerza desde la transición a la democracia. Los nacionalistas insisten que Cataluña (Catalunya) es una comunidad aparte, con una identidad –fundada en lengua y tradiciones comunes–, y con la voluntad de forjar un futuro colectivo. A esta aspiración se suma que se trata de una de las regiones más ricas del país: en 2016 aportó casi una quinta parte del PIB de España (19%).

El movimiento independentista en su versión actual se consolidó en 2010, cuando el Tribunal Constitucional de España declaró la inconstitucionalidad de más de la mitad de los artículos del estatuto de autonomía de Cataluña de 2006, entre ellos los que reconocían a esa comunidad autónoma como una nación y los que daban primacía al catalán como lengua oficial. Desde entonces, las autoridades regionales han insistido en su derecho a la autodeterminación. En 2014, el Tribunal Constitucional ordenó a Artur Mas, entonces presidente de la Generalidad, suspender el referéndum. En su lugar, se convocó a una consulta popular sin carácter vinculante, en la que la mayoría de los electores votó a favor de la independencia.

Con ese resultado, Mas asumió que tenía un mandato político claro para avanzar la secesión, además la opinión pública local ha sido favorable al ascenso del movimiento secesionista. En 2015, en la “Diada” –la fiesta nacional de Cataluña– se llevaron a cabo manifestaciones multitudinarias en las que ondeaba la bandera independentista. Días más tarde, en las elecciones parlamentarias el partido de Mas, “Juntos por el Sí”, ganó las elecciones y formó con el partido “Ciutadans” una coalición soberanista. El costo personal para Mas fue alto: tuvo que ceder la presidencia de la Generalidad a Puigdemont, entonces alcalde de Gerona, quien era una figura menos controvertida y más aceptable para “Ciutadans” al frente del gobierno autonómico.

En julio del año pasado, la coalición aprobó en el Parlamento la resolución para celebrar el referéndum. A diferencia de la consulta anterior, las autoridades catalanas pretenden que este ejercicio sí tenga efectos legales. Han declarado que, de aprobarse por mayoría de los votantes, se procedería a la declaración unilateral de la independencia, sin necesidad de contar con un porcentaje mínimo de participación. El Tribunal Constitucional impugnó esta resolución, el Rey advirtió su oposición y el gobierno de Rajoy señaló que esa consulta es ilegal y que realizarla tendrá consecuencias judiciales.

En las Cortes hay consenso entre el Partido Popular, el PSOE y Ciudadanos sobre la soberanía única de España; sólo Podemos reconocer soberanías compartidas y está a favor del derecho de los catalanes a decidir. El PP se opone rotundamente a negociar mayores concesiones para los soberanistas; esta insensibilidad se ha reflejado en que el partido gobernante tenga sus votaciones más bajas en Cataluña y es responsable en buena medida de la crisis territorial. El PSOE ha tratado de proponer una tercera vía con una reforma de la Constitución española que reconozca los símbolos catalanes, que otorgue mayores competencias autonómicas e incluso que reduzca su deuda. Contrario a lo que sostienen los nacionalistas, hay muchos catalanes que estarían satisfechos con una solución intermedia que reconociera la singularidad de la región y le otorgara más competencias a la Generalidad en educación, salud e infraestructura.

Esta propuesta tampoco ha tenido resonancia. A menos de dos meses, aún después de los terribles atentados del 17 de agosto, se habla de un “choque de trenes” entre los gobiernos nacional y autonómico. Esta polarización expresa también una división entre los catalanes y los demás españoles: según una encuesta publicada en El País, los primeros piensan que la salida sería convocar a un referéndum negociado que los segundos rechazan. En medio de la polarización, artistas e intelectuales son quienes ven el asunto como lo que es: un verdadero galimatías.

Twitter: @lourdesaranda

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