Opinión

Haber de retiro o pensión vitalicia

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil puso en lenguaje poético el asunto de las pensiones vitalicias para los magistrados: una mentada de madre. ¿Cuál es la razón por la cual los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación obtendrán un estipendio de por vida? No se lo tomen a mal a Gamés: por indecencia. A Gilga no le gusta nada que sea vitalicio, es decir, a perpetuidad.

El PRI, Nueva Alianza y el Verde Ecologista (por cierto, con estos aliados, el nuevo PRI parece más bien el viejísimo PRI) metieron con el calzador de su mayoría el asunto en la ley electoral, pero no nos desviemos: ¿por qué tendría que formar parte de la reforma política electoral una pensión vitalicia que costará 730 millones de pesos a la nación? Porque no ha desaparecido la idea antigua y no poco cínica de que el Estado debe gastar en mantener a perpetuidad a algunos hombres y algunas mujeres porque así lo estipula una ley.

Gamés defiende la idea de que las personas deben cobrar por el trabajo que hacen y no cobrar por el trabajo que no hacen. Salarios vitalicios, igualas, eternas, becas perpetuas deberían prohibirse. Hay distintas formas de retiro a las que los mexicanos con empleo recurren en su vida. Los magistrados ganan 4 millones 206 mil pesos al año, es decir: 355 mil pesos al mes cada uno de ellos y de ellas. No es precisamente lo que se dice un salario con el que se pasen penurias. Correcto, si eso ganan, está bien, ¿pero además hay que becarlos de por vida para que envejezcan en sus casas de campo? ¿No es un poco demasiado? La sensibilidad política del PRI es muy parecida a la de un paquidermo furioso.

Magistrados ofendidos

Que siempre no, que no era vitalicia. Los magistrados dijeron esta boca es mía desmintiendo con lenguaje de abogado litigante que nunca nadie en la vida había aprobado una pensión vitalicia sino un “haber de retiro”. En un comunicado los magistrados afirmaron que es incorrecta la interpretación difundida sobre el tema del “haber de retiro” establecido en el artículo 209 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación.

Mientras leía la noticia de los magistrados defendiendo su pensión, Gamés recordó a Juan de Mairena, el personaje de Antonio Machado que le pidió a un alumno que pusiera en lenguaje poético esta frase: “lo que acaece en la rúa”. El joven escribió rápido: “lo que pasa en la calle”. Traduzca al lenguaje de los jurisconsultos “pensión vitalicia”: “haber de retiro”, en fon.

Los magistrados se sintieron ofendidos. Además de entregarle la vida a la República durante diez años, los exhiben como si fueran bandidos. Los abogados tienen razón, no son ladrones, nadie lo insinuó así, estos jurisconsultos son más o menos cínicos protegidos por la ley. En el comunicado de marras (gran palabra), los magistrados explicaron que “el haber de retiro” está previsto ante la disposición de que prohíbe a los ex integrantes de la sala superior del Tribunal Electoral el desempeñar cualquier actividad relacionada con su profesión durante dos años. Señores magistrados: expliquen bien; la sintaxis, señores y señoras, la sintaxis.

Liópez al ataque

Por otra parte, Gil leyó en su periódico La Jornada que Liópez vino a meter su cuchara y a decir que el “haber de retiro” “es el pago por el fraude que llevó a Peña a la Presidencia de la República”. Anjá. La lógica de Liópez asombra a Gil. Bien: les ordeno que le paguen a los magistrados una pensión vitalicia como retribución a sus buenos servicios después de la elección mediante la cual me robé la Presidencia de la Republica. ¿Entendido? Sí, señor Presidente, se hará como usted dice. Caracho, el pensamiento rudimentario siempre se acerca a la injuria. Y el pensamiento de Liópez es primitivo, como de las cuevas de Altamira; o qué, ¿Liópez es un teórico del Estado?

Mientras se aclara este penoso asunto, Gamés propone que al “haber de retiro” no se le llame “pensión vitalicia”, digámosle “despedida con retribución de ángeles”. Así, los magistrados no se sentirán ofendidos y los espectadores de esa sainete no se sentirán agraviados.

La máxima de Hemingway espetó dentro del ático: “Un rico es diferente a aquél que no lo es: tiene más dinero”.

Gil s’en va