Opinión

'Habemus' embajador, lo que no hay es política exterior

 
 
 

 

Miguel Basáñez, nuevo embajador de México en EU. (Cortesía SRE)

En su columna de El Universal del 10 de agosto (El misterio de Basáñez) León Krauze se pregunta por qué la administración de Enrique Peña Nieto elige a un académico para estar al frente de la embajada más importante para México, la de Estados Unidos. Él compara con las embajadas de otros países en Washington, típicamente ocupadas por experimentados diplomáticos de carrera.

Entiendo los argumentos de León, pero comparto sólo parte de su conclusión. En mi opinión, uno de los grandes problemas de la diplomacia mexicana proviene de no modernizar un servicio exterior esclerótico, que no permite especialización; un servicio rancio, burocrático, rígido, donde la relación entre embajadores es hosca y beligerante.

Una amiga que estudió hace décadas en el Colegio de México comentaba que ahí conoció a jóvenes chinos enviados por su gobierno, quienes son hoy experimentados funcionarios de la embajada china en México, hablan español y entienden el sistema y la cultura de México.

Nuestro servicio exterior está lejos de premiar a diplomáticos que desarrollan conocimiento sobre temas o regiones específicas. Es común que a un funcionario que lleva años especializándose en el tema de Medio Oriente, por ejemplo, lo asignen a una representación en Asia o Centroamérica. Esto contribuirá a su frustración y desistirá de seguirse preparando. Para agregar al agravio, con frecuencia tendrán nombramientos sucesivos en regiones totalmente distintas, lo cual hará difícil que su familia se adapte, los divorcios son frecuentes. Esto incrementa aún más el desencanto de los funcionarios.

En sus asignaciones, los diplomáticos mexicanos suman enemigos. Compiten por atención, por puestos y por el reflector, engendrando feroces rivalidades. Esto ocurre en un sistema risiblemente jerárquico.

Le prestan atención enfermiza a las formas, a quién es mencionado primero cuando asisten a un evento, a si la gente se refiere a ellos como “embajador”, si se les habla de usted, a la estructura de automóviles y choferes con la que cuentan. Muchos embajadores desarrollaron actitudes y complejos que entre la realeza europea resultarían excesivos y jocosos. Tratan con altivez a quienes le reportan, bloquean y “castigan” a quienes osan pedir ser transferidos, y ven al personal local de embajadas y consulados como ciudadanos de segunda, por no ser “del servicio”.

Muchos miembros del Servicio Exterior Mexicano siguen atorados en la era de la Guerra Fría, creen todavía en la amenaza del “imperialismo yanqui”, y tienen complejos arraigados en contra de Estados Unidos. Esa es la dificultad de tener un diplomático tradicional en Washington. Pero, más aún, la posibilidad de tener un buen embajador dependerá de cómo definamos una labor exitosa, de cuál sea su objetivo. La política exterior de este gobierno está lejos de tener un propósito claro.

Haber dejado esa embajada sin titular por cinco meses habla con elocuencia de una carencia total de prioridades. Es una grave falta de respeto, máxime cuando Estados Unidos nos envía a Roberta Jacobson, una diplomática de primera línea, quizá la más experimentada en el tema de América Latina. En medio de ese vacío, renuncia el Dr. Sergio Alcocer, subsecretario para América del Norte, para buscar la rectoría de la UNAM, y el encargado interino de la embajada toma vacaciones. En medio del vacío, se fuga El Chapo, subrayando lo delicado que se ha vuelto para Estados Unidos compartir con México información originada por sus servicios de inteligencia. Sin embajador, un candidato a la presidencia de Estados Unidos se lanza a decir que los migrantes mexicanos son narcotraficantes y violadores, y la respuesta más contundente proviene del expresidente Felipe Calderón, ante la ausencia de una reacción oficial inteligente y determinante.

En el periodo acéfalo, el presidente Peña Nieto hizo una visita oficial a Francia en la cual anunció la compra de 50 helicópteros militares a ese país. ¿Se compran ahí para mostrar independencia de Estados Unidos? ¿Se compran ahí porque hay leyes más laxas que permiten “retrocesiones” debajo de la mesa? Difícil saberlo. Confirma, sin embargo, un distanciamiento entre ambos países y entre sus agencias de seguridad.

La relación diplomática entre México y Estados Unidos no es convencional. Es de tal dimensión, que hay comunicación cotidiana a nivel de secretarías y agencias gubernamentales. No por ello, podemos darnos el lujo de no tener un equipo sólido, con claro acceso en Estados Unidos a los diferentes poderes, a los medios, y a los líderes de opinión.

El Dr. Basáñez no lo tiene, aunque es un hombre inteligente y de reputación intachable. El Dr. Basáñez puede hacer un papel decoroso en una oficina que, nuevamente, carecerá de estrategia y de objetivos, dentro de una política exterior sin pies ni cabeza. Coincido con León, hubiera sido deseable el nombramiento de un funcionario experimentado, como el cónsul de Los Ángeles, Carlos Sada, cuyo nombre sonaba. ¡A quién se le ocurre nacer en Oaxaca y no ser mexiquense!

Twitter: @jorgesuarezv

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