Opinión

Gutiérrez Barrios:
la leyenda, el horror

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Fernando Gutiérrez Barrios. (Cuartoscuro)

Parece que de verdad creemos que podemos seguir construyendo este país sin haber arreglado cuentas con nuestro pasado. Seguimos acumulando cadáveres sin su debido entierro histórico. El resultado: una República de fantasmas donde conviven Cortés con Maximiliano, la Colonia con la Cristiada, los conservadores del siglo XIX y los católicos de la Revolución.

Ante la ausencia de estudios históricos serios y duros sobre temas recientes como la guerra sucia librada en México en la década de los setenta, la imaginación se rebela. Mientras nuestra academia luce extraviada en el laberinto endogámico del SNI, aparecen novelas para llenar el vacío del relato histórico. Como Un hombre de confianza (Grijalbo, 2015) de Fabrizio Mejía Madrid, que aborda la vida de Fernando Gutiérrez Barrios, pilar del sistema político mexicano.

Ideado como mecanismo para repartirse de forma pacífica el poder, el sistema tenía pocas pero claras reglas no escritas: la no reelección era la primera. Monarca por un sexenio, el presidente en turno ejercía funciones legales y, llamémosles así, metalegales. Las legales operaban a la luz del día, de las otras se encargaban sus órganos de seguridad. En el país se respiraba “la paz social”. Una paz sostenida en el terror. Desapariciones, torturas, asesinatos, cadáveres arrojados desde helicópteros al mar.

El Estado detentaba indiscutido el monopolio de la violencia. Pero no utilizó ese poder para terminar con la delincuencia sino para pactar con ella desde una posición ventajosa. El narcotráfico surgió y creció al amparo del poder.

¿Era mejor esa situación que la actual? Hay que decirlo: nuestra crisis de seguridad es el fruto de la podredumbre de la situación previa. Al borrar la fronteras entre funcionario y delincuente, los cuerpos policiacos tuvieron una responsabilidad enorme (y, hasta la fecha, impune) en la corrosión de nuestras instituciones. Esa estrategia tiene autor, un hombre de copete y corbata impecable: Fernando Gutiérrez Barrios.

Fabrizio Mejía, cronista y novelista nacido en el 68, desde hace algún tiempo tomó la determinación de examinar críticamente al sistema político mexicano, que llegó a su término, tal y como operaba y lo conocíamos, con el arribo de Vicente Fox al poder en el 2000. Escribió primero un libro mediocre sobre Gustavo Díaz Ordaz (Disparos en la oscuridad, Punto de lectura, 2011), al que siguió otro de peor factura sobre Emilio Azcárraga (Nación TV, Random House, 2013) y ahora remata con éste sobre Gutiérrez Barrios. Todo apunta a que su siguiente blanco será Fidel Velázquez.

En las tres novelas opera el mismo principio maniqueo. De este lado los monstruos, del otro el pueblo sufriente y debidamente victimizado. De los tres libros este es el más rescatable. Novelas en blanco y negro con escasos matices. Una buena investigación lastrada al confundirla con elementos de ficción. ¿Qué tan cierto es lo que nos cuenta? ¿Es cierto, como afirma el autor, que Gutiérrez Barrios “desapareció a casi un millar de estudiantes, campesinos, profesores?” ¿Cierto que él inventó el secuestro de opositores al PRI?

¿Si todo esto es cierto y documentable, por qué no exponerlo en un ensayo o denuncia puntual? ¿Para qué escamotearlo detrás de una novela? Esto le habría evitado quizás el bochorno que tuvo que pasar frente a las acres reclamaciones que Rosario Ibarra de Piedra le dirigió (La Jornada, 12 de diciembre de 2015) a propósito de su libro. Y es que en una escena de su novela narra cómo Gutiérrez Barrios recibía a Doña Rosario en el primer piso del edificio de la Dirección Federal de Seguridad mientras en el tercero molían a golpes a su hijo hasta matarlo. ¿Ocurrió tal y como lo cuenta Mejía Madrid? Dice Rosario Ibarra de Piedra: “¿Qué pruebas tiene para afirmarlo? ¿Quién se lo dijo? ¿Un agente del gobierno? ¿Alguien que participó? Si lo cree y habla de sentir responsabilidad, ¿por qué no lo denuncia? ¿De qué responsabilidad habla entonces el señor Mejía Madrid?”

No es lo mismo una novela de denuncia que sacrificar la novela y presentar una denuncia. La literatura no habría perdido mucho sin ese pasaje de la novela. Una denuncia, si lo que importa es la responsabilidad con la verdad, habría tenido más sentido ético.

Existe la creencia de que una sociedad se sostiene secretamente por el trabajo silencioso de algunos hombres justos. También, que toda sociedad está cimentada en pilares invisibles y perversos, como las fuerzas de seguridad e inteligencia. Lo más probable es que al complejo entramado social lo soporte un igualmente complejo sistema de pilares, justos e infames, repartidos. Uno de esos pilares fue sin duda Fernando Gutiérrez Barrios. Un policía de leyenda. De leyenda de horror.

Twitter: @Fernandogr

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