El elefante blanco de Chetumal
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El elefante blanco de Chetumal

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El elefante blanco de Chetumal

15/06/2018
Actualización 15/06/2018 - 14:00

El jueves de la semana pasada aterrizamos de noche en Chetumal y del aeropuerto nos fuimos directo a lo que será el Museo de la Memoria y el Futuro, donde se llevaría a cabo un acto previo —la presentación de un video mapping sobre la historia del mestizaje en México— a la inauguración de Kultur (Foro Nacional de Turismo Cultural), que se efectuaría al día siguiente.

El museo, que está sobre una especie de pequeña isla a la que se llega por un largo muelle, es un edificio con forma de pastel de dos cuerpos, el más pequeño encima del más ancho, coronado por una larga estructura metálica con la que alcanza, en total, alrededor de 70 metros de altura. En una ciudad 'chaparra' como la capital de Quintana Roo, donde prácticamente todas las edificaciones son de uno o dos pisos, un inmueble de tal tamaño sobresale como la Torre Eiffel en París.

Pero resultó que no se trata de un edificio, sino de una escultura del famoso Sebastián, que se empezó a edificar en 2004, penúltimo año del gobierno del entonces gobernador Joaquín Hendricks Díaz. Sin embargo, la obra se paró y ahí quedó, abandonada, echándose a perder nada menos que durante trece años.

Por esto fue que esa noche el gobernador de la entidad, Carlos Joaquín González, afirmó que era importante hacer de esa escultura algo atractivo y funcional, “convertirla en un moderno producto turístico y darle un esquema cultural”.

Este reportero nunca había estado en ese lugar, pero la figura del edificio se me hizo conocida. Revisé entonces un libro que leí el año pasado: Diseño de Políticas Públicas —escrito por Julio Franco Corzo y editado por IEXE editorial, 2013—, en el que cita el caso de esta mega escultura como un ejemplo de lo que no debe hacer un gobierno en obra pública, si no está respaldada con una política pública adecuada.

Originalmente, el monumento llevó por nombre Mestizaje Mexicano y, de acuerdo con lo que narra Franco Corzo, tuvo una inversión inicial de cien millones de pesos y el gobernador Félix González Canto, que sucedió a Hendricks, le destinó otros 21 millones. Estos datos los obtuvo mediante la Unidad de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Poder Ejecutivo estatal y cita el número de oficio.

Se trataba de “un complejo de tres museos y una gran escultura, los cuales serían un atractivo turístico para la capital de esa entidad”. También albergaría un mirador, planetario, acuario, salón de fiestas, restaurante y área comercial.

“Debido a la pésima planeación presupuestal y comercial, la obra fue detenida. Después de tres años de estar inconclusa, las secretarías de Cultura e Infraestructura y Transporte realizaron diagnósticos sobre el estado en que se encontraba la obra y descubrieron un alto grado de corrosión y falta de mantenimiento”.

Añade que calcularon que se necesitaban otros 180 millones de pesos para que se pudiera finalizar la construcción, pero el Congreso del estado se negó a destinarle más recursos porque no se contaba con un informe sobre los 121 millones de pesos ya invertidos. ¿Le parece que ya ha visto esta película? Pues sí, este pinta para ser uno más de los muchos casos de corrupción que se han vivido en Quintana Roo.

“Hasta el cierre de la edición de este libro, el gobierno del estado no contemplaba ni un proyecto de rescate, ni la gestión de recursos para invertir en el proyecto; incluso, algunos legisladores locales proponían su demolición.

“Como resultado, nueve años después de iniciada la obra, al día de hoy sigue inconclusa y no hay ningún plan para rescatarla”, sostiene el libro.

El sucesor de González Canto fue Roberto Borge Angulo —actualmente preso y bajo proceso—, quien dejó que la escultura se siguiera echando a perder ahí, a la vista de todos los chetumalenses, como un gran monumento a la ineptitud y corrupción gubernamental.

Borge no pudo imponer a su 'delfín' para la gubernatura en 2016, elecciones que fueron ganadas por su acérrimo rival Carlos Joaquín González, quien desde que llegó al Palacio de Gobierno ha dedicado buena parte de su tiempo a corregir muchos de los entuertos que dejaron sus antecesores.

Hoy, en lugar de escuchar las voces que pedían derribar el edificio, decidió rescatar la inversión ya realizada y hacerlo algo funcional para la gente de Chetumal y los turistas.

Aunque aún está en proceso la cuantificación de lo que costará el nuevo proyecto, calculan que la inversión será de entre treinta y 40 millones de pesos más.

Esperemos que así se muera este elefante blanco que ha sido una vergüenza pública durante más de una década, y se convierta en algo productivo que genere un retorno de inversión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.