Opinión

Guiños al terrorismo

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Terrorismo. (ilustración)

Sorprende (aunque no debería) que en algunos medios impresos y en redes sociales con fuerte presencia de una corriente ideológica, surjan protestas abiertas o veladas a la reacción armada del gobierno francés contra posiciones del Estado Islámico, el poderoso grupo terrorista que atacó y mató en París el viernes pasado.

¿Qué querían? ¿Una mesa de diálogo?

La ambigüedad frente al terrorismo lo ha hecho crecer. La falta de unidad de Occidente para combatir de raíz a un enemigo común es lo que ha servido a los fundamentalistas islámicos para agruparse y aumentar su poderío.

Hace bien el presidente Hollande en asumir ese ataque como una guerra y preparar a su país para ganarla, pues no se puede amortiguar el avance del terrorismo musulmán: es preciso acabarlo o reducirlo a su mínima expresión militar.

A Hitler había que inmovilizarlo en Munich, cuando encabezó un fallido golpe de Estado, y no intentar contenerlo después cuando se anexó Austria e invadió Checoslovaquia.

Una de las lecciones que nos dejan los ataques criminales en París es que no puede haber permisividad para intolerantes y fanáticos.

El islam no es una religión terrorista y hay matices entre naciones donde se profesa mayoritariamente, pero la falta de una interpretación moderna del Corán la hace propensa al terrorismo en la mente de fanáticos.

Los yihadistas reclutados por el Estado Islámico provienen de más de cien países diferentes, con distinto origen étnico y cultural. Esos criminales sólo tienen en común su fe en el islam.

Algo anda mal en esa religión que es la única proveedora de terrorismo en el mundo y la convierte en un problema.

El cristianismo solucionó el conflicto entre lo terrenal y lo divino al asimilar (después de inquisiciones y quemados en la hoguera) lo dicho por Jesús: “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

En el islam se dificulta esa división porque Mahoma era jefe espiritual, político y militar a la vez.

Agredieron a Francia que era la potencia occidental más reacia a intervenir contra los terroristas en Oriente Medio, a la vez que ha ayudado a los extremistas que se apropiaron de la lucha contra el régimen de Bashar al-Asad en Siria (Putin tenía razón).

Es mentira lo que gritaba un yihadista mientras masacraba franceses indefensos en la sala de conciertos Bataclan: “les haremos lo que ustedes nos hacen en Siria”.

Los ataques a las posiciones del Estado Islámico en Siria y en Irak han provenido, en un 95 por ciento, de las fuerzas armadas de Estados Unidos. De Francia, menos del cuatro por ciento.

Hirieron a Francia porque ha sido generosa con la migración islámica, y los intolerantes no perdonan favores.

Francia fue atacada porque, como dijo el ministro de Cultura de Francois Mitterrand, Jacques Lang, hay “una embestida contra los valores de Ilustración del Siglo XVIII, contrarios a su visión totalitaria del mundo”.

Todo Occidente debería cerrar filas en defensa de Francia, porque hacerlo es defender el estado laico, la libertad de culto, el derecho a dudar, y la igualdad del hombre y la mujer.

En manos de Occidente está frenar y acabar con el Estado Islámico, por la vía militar y financiera. Claro, para eso se necesita unidad y no hacerle guiños a los terroristas.

Twitter: @PabloHiriart

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