Un populismo solvente
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Un populismo solvente

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Un populismo solvente

03/05/2018
Actualización 03/05/2018 - 11:59

Sin duda el populismo entraña riesgos que, según la experiencia de otras naciones, corren los gobiernos al enfrentar sus limitaciones para responder a las expectativas populares que hubieran levantado; esas limitaciones son de dos tipos y suelen ir juntas: financieras y políticas.

México tuvo gobiernos populistas durante el nacionalismo económico de los años de 1940 a 1970, cuando el crecimiento del PIB remontaba hasta 6.0 por ciento anual promedio y se combinaba con una política social articulada, coherente y aceptablemente eficaz en el propósito de reducir la pobreza, que no incluía atacar las desigualdades.

Las claves de ese 'milagro mexicano' fueron, primero, que no había oposición política que desafiara el modelo y, segundo, el acelerado crecimiento de las inversiones productivas animadas por el gasto público en infraestructuras y un entorno exterior dinámico, marcado por la reconstrucción posbélica.

Brasil tuvo una oportunidad semejante durante los dos periodos en que gobernó Lula; se basó en ingresos extraordinarios por los altos precios que alcanzaron sus exportaciones a causa de la demanda que generaba el crecimiento de China.

En ambos casos, el mexicano y el brasileño, hubo crecimiento económico y se abatió significativamente la pobreza en beneficio de millones de familias.

Las claves, hay que repetirlo, fueron solvencia del gasto público sin alteración de los fundamentos de la macroeconomía, y vías políticas del gobierno para avanzar.

Si como todo indica, el electorado decide que el próximo presidente sea Andrés Manuel López Obrador, ¿contará con la solvencia financiera y política necesarias para responder a las expectativas justicieras de sus seguidores? Es decir, ¿tendrá los apoyos necesarios para avanzar sin afectar la estabilidad macroeconómica y sin descomponer más de lo que está la maltrecha gobernabilidad del país?

Las respuestas negativas a esas cuestiones llevarían al país al caos. Las que le convienen a México no dependen sólo de las fuerzas aglutinadas en la coalición que lleve a López Obrador a la presidencia, sino también de un verdadero, profundo y amplio Pacto por México de todas las fuerzas económicas y políticas.

El próximo gobierno no encontrará la mesa servida con las dos claves de éxito económico y social del populismo: en vez de crecimiento económico, lo que encontrará es falta de estímulo a las inversiones, aunado a la corrupción de las finanzas públicas; y en vez de consenso político, los banqueros e industriales más poderosos (en su mayoría extranjeros) prefieren un gobierno de Meade o Anaya.

Como bien se ha dicho, esta no será una elección presidencial más. México está en una profunda crisis. Por el bien del país, las fuerzas económicas y políticas tendrían que contribuir, a toda costa, a minimizar los riesgos y eventual fracaso del próximo gobierno.

http://estadoysociedad.com

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.