Política sí, pero también mercado
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Política sí, pero también mercado

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Política sí, pero también mercado

01/11/2018

Hay coincidencias con el diagnóstico de AMLO, pero no con la cancelación del aeropuerto en Texcoco por decisión política, que se pretende sea ejemplar.

Hay un amplio acuerdo social en que el poder económico se ha impuesto al Estado y que ha logrado que la política pública beneficie a muy pocos; es claro también que la falta de democracia explica lo profundo que son las desigualdades y la corrupción en México.

“Se acabó el predominio de una minoría, y la vinculación con poder económico y poder político”, dice López Obrador, lo que implica la recomposición de élites en ambas esferas y la pérdida de influencia de quienes han estado acostumbrados a mandar.

Eso está bien, así lo entendió el electorado el 1 de julio: el gobierno entrante tiene que ganar márgenes de maniobra política que el Estado perdió durante los 30 años en que estuvo de moda el neoliberalismo.

Para empezar a recomponer el colectivo nacional, el Estado tiene que recuperar capacidades y en ese tema, AMLO tiene un gran respaldo político en la sociedad.

Los poderes económicos que ocupan espacios políticos defenderán su influencia con todo lo que esté a su alcance, incluyendo movimientos de sus capitales con los que pueden afectar la estabilidad macroeconómica y el ritmo de inversiones y crecimiento de la economía.

De ahí que la lógica política del gobierno entrante, no debería desentenderse de la de los mercados. Desde el lunes, México está siendo visto, dentro y afuera, como un lugar de pronóstico negativo para invertir.

Si el aeropuerto de Texcoco es una buena inversión como negocio y hay inversionistas particulares interesados en terminarla, inclusive sin la participación prevista del gobierno, ¿por qué oponerse a que sea un negocio particular?

El impacto ambiental de la obra ya está hecho y es irreversible.

México necesita un gran aeropuerto, un hub que atraiga turismo y que facilite los viajes de negocios; no tiene porqué ser suntuario, pero sí funcional para los 70 o cien millones de pasajeros que movería cada año en su primera etapa; se necesita un aeropuerto que no se sature en una década, como sucedería con el de Santa Lucía.

Quizás cuando vean las reacciones de los mercados y de las calificadoras de inversión, AMLO y sus cercanos piensen en cómo desdecirse de su declaración del lunes y cómo volver a abrir la posibilidad de concesionar el NAIM en Texcoco.

Sugerencia: habían dicho que se levantaría una encuesta, además de la consulta, a cuyas enormes deficiencias podría atribuirse la necesidad de profundizar en la opinión ciudadana, lo que inclusive le daría mayor legitimidad a la democracia participativa con la que piensa gobernar.

La encuesta de El Financiero del 23 de octubre, dio 55% por Texcoco y 37% por Santa Lucia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.