“Mexicanizar” la seguridad interior
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“Mexicanizar” la seguridad interior

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“Mexicanizar” la seguridad interior

14/12/2017
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Seguridad interior
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Ante la oleada de reacciones nacionales e internacionales contrarias a la Ley de Seguridad Interior, el presidente Peña Nieto detuvo el proceso legislativo que ya había pasado por la aprobación de la cámara de Diputados y que el líder de los senadores priistas, Emilio Gamboa, daba por seguro que sus colegisladores la aprobarían esta semana.

Sería el peor estigma de los varios negativos del sexenio que llegara a promulgarse una ley que entre sus defectos destacan que viola ocho artículos constitucionales; que, como dijo Miguel Mancera, “pasa de la coordinación a la subordinación” de la soberanía de los estados; que va en contra de los derechos humanos más elementales y que la ambigüedad de algunos artículos le permitiría a las fuerzas armadas actuar sin control del Congreso ni del propio Presidente de la República.

El llamado de Peña al Senado para que “amplíe los espacios de acercamiento con las distintas organizaciones de la sociedad civil” y para “poder escuchar todas las voces” ocurrió el viernes pasado, al terminar el acto en el que le entregó el Premio Nacional de Derechos Humanos 2017 al activista Miguel Álvarez Gándara.

Gándara había dicho que, en vez de continuar la actual estrategia de seguridad, “lo que hace falta cambiar es esa lógica y estrategia”.
El primer paso para lograrlo son propuestas que hagan a un lado las líneas impuestas por el gobierno de Estados Unidos desde que Richard Nixon le declaró la guerra internacional a las drogas, hace 40 años.

Nixon fue el presidente que afrontó, a principios de los años 70, el hecho de que Estados Unidos estaba perdiendo competitividad en varios frentes económicos; el alimentario era uno de ellos para el cual se diseñó una estrategia comercial y financiera que convenciera a gobiernos de que era más “barato” importar sus cereales que producirlos. México era autosuficiente y ahora importamos la mitad del maíz y mucho más del trigo y arroz que consumimos.

Washington también vio peligrar la operación interna del negocio de drogas, a cargo de traficantes muy fragmentados, débiles y bien ubicados por la policía, ninguno con poder regional y menos nacional que represente un desafío serio para las autoridades.

Así funciona allá el trasiego de toneladas de cocaína y heroína, sin que haya muertes ni arrestos de grandes traficantes; lo importante es que el destino final de la droga -los consumidores- se convierte en inmensas cantidades de dólares que se quedan en los circuitos financieros próximos al mercado de adictos.

El periódico inglés The Guardian publicó hace algunos años un documentado reportaje en el que exponía que el mayor negocio de Wall Street no era la prestación de los servicios tradicionales de banca y crédito, sino el lavado del dinero que produce el narcotráfico en las calles del territorio estadounidense.

Para ese esquema de operación del narcotráfico, las estructuras de Pablo Escobar de los años 70 en Colombia y posteriores de México, formadas en torno a cárteles y capos poderosos, tenían que ser combatidas para evitar el riesgo de que trataran de establecer sus dominios en territorio estadounidense.

Los resultados en nuestro país de la declaración estadounidense de guerra al narcotráfico empeorarían con una ley de seguridad interior que legalizaría la estrategia en curso.

http://estadoysociedad.com

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.