El Acuerdo México-EUA
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El Acuerdo México-EUA

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El Acuerdo México-EUA

05/10/2018

El presidente Donald Trump presumió que el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá generará miles de empleos en su país; se refirió a los capítulos sobre trabajo, propiedad intelectual y medidas medioambientales que “apoyarán muchos, cientos de miles de empleos estadounidenses”.

¿Por qué está tan seguro Trump de eso y, por qué se equivoca? Él está convencido de que el déficit comercial externo estadounidense lo provocan países como China y México con sus barreras arancelarias, manipulación monetaria, piratería intelectual, jornadas laborales mal pagadas y una legislación ambiental laxa, lo cual eleva su competitividad.

Según él, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte sacó grandes inversiones manufactureras de Estados Unidos que al irse a México, atraídos por esas condiciones, lo convirtieron en una potencia industrial.

Su solución: dejar de pensar globalmente para hacerlo con sentido nacionalista, y obligar a quienes le venden a EUA con tales ventajas a que compitan “con lealtad”.

A eso van los capítulos del acuerdo que destacó y que, de aplicarse, elevarían costos de producción y reducirían ventajas competitivas de México que, sin duda, son arcaicas, pero esa es harina de otro costal.

Mayores costos sería el efecto de disposiciones laborales del acuerdo que promoverían la democracia sindical para lograr alzas salariales, y de la aplicación más rigurosa de normas de protección ambiental y de derechos de autor.

¿En qué se equivoca Trump? En atribuirle a esas “ventajas” de la economía mexicana, o de la china, la desindustrialización estadounidense y en suponer que eliminándolas, esas inversiones regresarán a territorio estadounidense.

Gary Cohn, expresidente de Goldman Sachs y jefe de sus asesores económicos, ha querido explicarle a Trump -según uno de los capítulos del libro de Bob Woodward Miedo, Trump en la Casa Blanca- que la economía estadounidense genera 84 por ciento de su Producto Interno Bruto en el sector servicios, no en las fábricas, y que eso convierte el déficit comercial externo en un factor benéfico porque los productos que venden México, China y otros países a precios bajos, le dejan a los consumidores estadounidenses más dinero para gastarlo en lo que su economía ofrece con grandes ventajas tecnológicas sobre el resto del mundo.

Por lo visto, Trump no lo entiende y sigue imaginándose a Estados Unidos produciendo manufacturas en fábricas con chimeneas y cientos de trabajadores en las líneas de producción.

Tema distinto es la oportunidad de la política económica del nuevo gobierno de México para ir restaurando los salarios, la democratización sindical, el cuidado empresarial del ambiente y el estado de derecho.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.