Opinión

Guerrero, ¿un fracaso federalista?

 
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Playa de Acapulco

Cuando Juan Pardinas presentó el Informe de Competitividad 2010 de las entidades federativas, Guerrero estaba en el lugar 31, por arriba de Oaxaca; sin embargo, dos años después pasó a ocupar el lugar 32.

Esa es su realidad, incluso sin considerar aún el desastre social, de seguridad e institucional recientes y vigentes, ni los desastres naturales de hace dos años. El fracaso de la administración estatal que se va es muy claro, a pesar de ser la más apoyada con el gasto federalizado, Ramo 33, Fonden y subsidios. La prueba es que depende más que ninguna otra entidad de las transferencias federales. Obvio, Guerrero no es un éxito federalista.

Ganó el gobernador electo Héctor Astudillo una entidad históricamente complicada, cuya realidad deberá enfrentar con transparencia y participación ciudadana. No es un político novato, ya fue alcalde de Chilpancingo, fue senador y ésta fue su segunda competencia para gobernador.

En los últimos años Guerrero ha sido la entidad más favorecida por el gasto federalizado, así como en los desastres naturales –no tiene bonos cupón cero para Fonden–, incluso le fue mucho mejor que a otros. Su deuda registrada es baja: a marzo asciende a poco más de tres mil millones de pesos; sus indicadores en relación al PIBE y a las participaciones están por debajo del promedio nacional: en el primer caso es de 1.2 por ciento, muy lejos del 8.6 por ciento de Chihuahua o del 8.4 de Quintana Roo; respecto a los recursos propios, equivalen al 22 por ciento del total, frente al 85 promedio, y del 281 por ciento de Quintana Roo y 251.7 de Coahuila.

Guerrero también ha sido afortunado en cuanto a participaciones, es de las entidades que no perdieron con el cambio de fórmulas de 2008, aunque sí padecieron su estancamiento hasta 2013 y el efecto negativo de la fórmula del FAEB, esto es un déficit.

Astudillo llega después de una crisis estatal que se convirtió en nacional, después de los asesinatos, desapariciones, casos relevantes de corrupción en seguridad, en los municipios e incluso al más alto nivel de gobierno. Tendrá que gobernar con tolerancia cero a la corrupción.

No puede llegar a borrar todo y correr a muchos. Su problema inmediato será enfrentar una administración pública desarticulada, poco profesionalizada, sin experiencia; recuperar lo que se había logrado antes de 2010 en términos de recaudación de ingresos propios, de ordenamiento de la deuda pública, en las relaciones fiscales con los municipios, en el catastro y, por tanto, en el impuesto predial.

Dada la compleja realidad municipal de su estado, valdría la pena recuperar un Sistema Estatal de Coordinación Hacendaria, fortalecer el catastro, que costó mucho dinero federal y era exitoso, como demostró en la Coordinación Fiscal.

Será importante que llegue con funcionarios capacitados, que sepan qué tienen que hacer desde el primer día. Apoyan a Astudillo personas que han funcionado profesionalmente en temas como los mencionados, que hoy laboran a nivel federal o en el sector privado.

Así, la capacitación de sus funcionarios es un tema eje, que debe estar en su agenda. Empezará con menores ingresos federales, teniendo que elaborar un presupuesto inferior –no inercial–; incluso los fondos referenciados como el Fortamun o el FAFEF serán menores en términos reales para 2016.

La morosidad, es decir los pasivos con proveedores, es un tema prioritario del futuro inmediato. Si hay comisión de enlace, hay razones para suponer que los adeudos con ellos y los terceros institucionales serán altos y urgente su atención.

Por otra parte deberá mantener buena comunicación con por lo menos cuatro políticos guerrerenses: Manuel Añorve, Jorge Camacho, Armando Ríos Piter y por supuesto la secretaria de Turismo.

Twitter: @davidcparamo

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