Opinión

Guerra Fría

    
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USA. (Shutterstock)

Con breves períodos de apertura a lo largo de su historia, Estados Unidos ha sido un país proteccionista. Siempre regresan a esa política porque piensan que es lo que les ha permitido ser una gran potencia. En diferentes épocas, incluso han llegado a involucrarse en desgastantes guerras de tarifas, de las que han salido adelante porque su gran mercado interno les permite cierto aislamiento de la economía mundial.

Fuera de esos momentos de agudo enfrentamiento, lo que ha privado es una “guerra fría” comercial. Es decir, un juego de estira y afloja en el que existe el riesgo real de que se rompa la liga, pero ninguno la jala demasiado. Las partes van escalando el conflicto, ensayan escaramuzas audaces, pero cuando se llega al borde del precipicio se detienen. No es nuevo que Estados Unidos denuncie el abuso económico por parte de otras naciones. En los años treinta era un sentimiento tan popular que la gente salía a las calles a exigir más aranceles a los productos extranjeros. Para no ir tan lejos, recordemos que Bill Clinton, pretextando violaciones a los derechos humanos, amagó a China con la revocación de su status de “nación más favorecida” y la imposición de gabelas. Y que Barack Obama amenazó repetidamente con aplicar las sanciones previstas en los acuerdos comerciales a distintos países, incluyendo al nuestro. Hace un año, durante la campaña presidencial, Mitt Romney acusó a China de manipular su moneda y tanto Hillary Clinton como Bernie Sanders prometieron la salida del Acuerdo Transpacífico y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Así pues las advertencias amenazantes (tough talk) y las acciones unilaterales no son novedad. Lo diferente es el tonito de pandillero malo y la falta de modos diplomáticos de Trump. Recuerda mucho el estilo de charlatán imprudente y vulgar de Nikita Jruschov. El mismo que en plena asamblea de la ONU (12 de octubre de 1960) se quitó un zapato y golpeó con él la mesa, para protestar porque el delegado filipino había equiparado el dominio de Moscú sobre Europa del Este con el colonialismo.

Lo que en esos años frenaba el expansionismo soviético era la creciente superioridad militar de Estados Unidos y la creencia de que podrían llegar a emplearlo si se sobrepasaban ciertos límites. La crisis de los misiles en Cuba (octubre de 1962) lo muestra claramente. Fue sin duda el momento más álgido de la Guerra Fría. El conflicto espesó hasta el punto en que se encontraron de frente los buques de las dos potencias y el premier Khrushchev tuvo que ordenar a los suyos que regresaran al Báltico.

Ahora sucede lo mismo: hay una amenaza creíble de que en cualquier momento EU puede pasar a la etapa caliente: salir de los tratados o abandonar la OMC (la opción nuclear).

¿POR QUÉ?
Sin necesidad de justificación alguna, el Ejecutivo puede hacer cumplir leyes existentes que requieren favorecer a los productos domésticos. Tiene autoridad para imponer tarifas y cuotas con el objeto de abatir el déficit comercial (Ley de Comercio de 1974, sección 122) o para responder a cualquier acción extranjera que juzgue “injustificada, irracional o discriminatoria” (sección 301). Por si no bastara, alegando amenazas a la seguridad nacional, cuenta con facultades para restringir las importaciones. Sólo tiene que acudir a las leyes de Comercio con el Enemigo (1917), de Poderes Económicos en una Emergencia Internacional (1977) o de Expansión del Comercio (1962). De hecho El actual ocupante de la Casa Blanca está utilizando el artículo 232 de la última para limitar las compras de acero y aluminio extranjero (incluyendo el de México). Además, todos los acuerdos de libre comercio que firman los estadounidenses contienen una cláusula que permite denunciarlos con sólo avisar con seis meses de antelación. Con un decreto presidencial sacó a EU del Acuerdo Transpacífico.

Con gran parte de la opinión pública de allá convencida de que las importaciones son causantes del desempleo, con un Congreso dividido por mitades y una Organización Mundial de Comercio débil, no se ve difícil que Trump llegara a esos extremos. Sin embargo, la incertidumbre que ha creado es recíproca y no la puede sostener por mucho tiempo. En algún momento, cuando haya avanzado lo suficiente en sus pretensiones, todo volverá a la normalidad, es decir, al proteccionismo de siempre.

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