Opinión

'Güeros'

    
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Güeros

Uno de los mayores retos que enfrenta el cine hecho en México es vencer el escepticismo del público nacional a pesar de las excelentes críticas y reconocimientos internacionales.

Güeros
(México, 2014), actualmente en cartelera, es el primer largometraje de Alonso Ruizpalacios, quien ha tenido una sólida carrera como guionista y creador en televisión. Este film mexicano recientemente ganó como Mejor Ópera Prima en la Berlinale; el Premio Especial del Jurado del American Film Institute Fest 2014; Mejor Cinematografía y Mejor Nuevo Director en Tribeca; el Premio Horizontes Latinos del festival de San Sebastián y el premio a Mejor Primera o Segunda Película en el festival de cine de Morelia.

No es fácil saber exactamente de qué trata Güeros y/o por qué ha tenido tan buena aceptación en el extranjero. El tratamiento narrativo de esta cinta es semejante a un rizoma: habla de la relación entre dos hermanos, Fede, Sombra, y Tomás; es un roadtrip film; trata de las peripecias que surgen al dar con el paradero de un músico olvidado que pudo cambiar la historia del rock nacional, Epigmenio Cruz, pero cuya música nunca logramos escuchar; es el retrato de un movimiento estudiantil durante una atemporal huelga en la UNAM; puede ser también una no convencional historia de amor entre Ana y Sombra.

Pero el centro de todas estas líneas narrativas, que deliberadamente no se cierran del todo, es el vacío, el silencio, una especie de limbo que la juventud mexicana llega a padecer como respuesta a factores y situaciones que salen de su control. Güeros retrata cómo la apatía, desligada de poses morales, es una postura dentro de nuestra sociedad que refleja un cansancio, una indiferencia ante un mundo y un sistema al que le somos también indiferentes, y son los pequeños eventos cotidianos - como un beso o una canción - los que pueden romper el espiral de la desidia. “Para qué salir si vamos a volver”, dice Sombra, encarnado por Tenoch Huerta. Esta frase encierra la desilusión y el hastío de un espíritu juvenil que está en pausa, en un indefinido stand by. Por ejemplo, los más de 100 mil rechazados de la UNAM -cifra que se anunció esta semana- pasarán por un limbo similar, junto con los egresados desempleados y todos aquellos que se enfrentan a un mundo mucho más áspero de lo calculado.

Las actuaciones de Tenoch Huerta, Sebastián Aguirre (Tomás), Ilse Salas (Ana) y Leonardo Ortizgris (Santos) son tan entrañables como extraordinarias. Logran dibujar una total complicidad entre los personajes con una naturalidad que se mantiene a lo largo de toda la película. El guión escrito por el mismo Ruizpalacios y Gibrán Portela es de una inteligencia espontánea, no pretende hacer poesía e incluso tiene momentos de juego y burla con él mismo, haciendo autorreferencia a la misma película y al mundo del cine mexicano, con sus clichés y estereotipos.

Si hablamos de Güeros en este espacio dedicado al arte contemporáneo es porque el lenguaje visual y narrativo que Alonso Ruizpalacios utiliza para exponer un horizonte de la actualidad nacional logra contener en sí mismo arquetipos -no clichés- de nuestra realidad cercana, a partir de los cuales podemos aprehender un poquito o vernos reflejados sobre lo que nos rodea y cómo se conectan distintos sucesos, ideas, eventos, conceptos, en aquello que, cuando se da, es característica fundamental del arte contemporáneo, es decir, reflejarnos el sentido o sinsentido de nuestro presente.

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción” es el eslogan de Güeros, y durante las evocadoras escenas amorosas cercanas al final de la película, es imposible no recordar el fragmento de Piedra de Sol, de Octavio Paz, que dice: amar es combatir, si dos se besan / el mundo cambia, encarnan los deseos, / el pensamiento encarna, brotan las alas / en las espaldas del esclavo, el mundo / es real y tangible (...).

Güeros se estrenó el 20 de marzo, todavía se encuentra en cartelera, no pierdan la oportunidad de disfrutar este maravilloso film.

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