Opinión

Guadalajara es punto y aparte


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Guadalajara

El domingo 1 de noviembre dieron inicio las corridas en la capital jalisciense. El cartel sufrió una modificación por baja del hispano López Simón, tomando su lugar el sevillano Daniel Luque, quien se está convirtiendo en un verdadero ídolo en la Perla Tapatía.

Pero, ¿quién es Daniel Luque? Este buen torero nació en Gerena, Sevilla, en 1989. Debutó en 2005 y desde sus inicios llamó la atención de los profesionales del toro por su concepto del toreo y por su forma de expresarlo. Tras una carrera triunfal como novillero recibió la alternativa en Nimes de manos del Juli y como testigo Sebastián Castella en 2007, cortando una oreja a cada toro. Como es natural, el inicio como matador no es fácil, abrirse espacio entre las figuras, darles pelea y ganarse un lugar a su lado es muy complejo, son demasiados factores los que deben coincidir para que esto se dé. En 2008 confirmó en Las Ventas de Madrid, de manos de Javier Conde y como testigo ni más ni menos que José Tomás. En la Plaza México confirmó su alternativa en 2011 ante astados de Villa Carmela, siendo padrino de la ceremonia Fermín Rivera y testigo Mario Aguilar. En noviembre de 2012 dio una muestra de la dimensión de su toreo en la Plaza México ante un gran toro de La Estancia, “Luna Brava”, cortándole dos orejas. En noviembre del año pasado, en su presentación en Guadalajara, le cortó las orejas y el rabo a un gran toro de San Isidro y ahí comenzó el romance.

La Monumental de Guadalajara es una plaza seria, ahí se lidia el toro con cuajo y edad desde hace muchos años. Esta plaza quita el sueño a toreros y ganaderos. Preparar ocho toros para La Perla significa apartar 10 o 12 toros durante años, dejarlos madurar en el campo, que se desarrollen de acuerdo al encaste de cada ganadería y que el tiempo logre el milagro del trapío natural del toro. Los toreros saben que en esta plaza un triunfo vale, es una prueba necesaria para obtener la categoría de figura. El público es exigente y respetuoso; como es lógico existen y proliferan aficionados protagonistas, lo mismo que alguno que otro periodista que de tanto exigir sin razón ni conocimiento, salvo su pose de puristas, terminan por hacer el ridículo. Cuando el toreo fluye ante un toro en ese ruedo, la verdad incuestionable de la grandeza de esta fiesta pone a todos de acuerdo y los amargados prefieren callar ante la avasalladora verdad de un toro con edad y cuajo embistiendo por bajo a la muleta suave y mandona del torero tocado por la mano de Dios.

Daniel Luque es un torero cuyas cualidades y forma de sentir el toreo se adaptan de maravilla a la afición mexicana de cualquier plaza de toros; tarde a tarde en sus presentaciones en Guadalajara ha dejado claro que es un torero para el gusto de México; maneja el capote con rítmica suavidad, temple y elegancia; le sobra el valor para no tener que demostrar con temeridad de lo que es capaz; se enfoca en crear, en torear y en fundirse con las embestidas del toro, acompañándoles con la cintura, llevándoles en los vuelos de su muleta que parece una extensión de su cuerpo y de su alma; su toreo duele, se siente, como el mejor cante flamenco. Es Daniel un torero universal y para serlo hay que gustar en México y eso no es fácil, hay que ser muy buen torero.

Se presentará en la Temporada Grande el próximo domingo 13 de diciembre ante astados de Villa Carmela, un binomio que se está convirtiendo en síntoma de triunfo asegurado por la seriedad de los ganaderos al presentar sus corridas y por su buen concepto de bravura. Alternará con el rejoneador potosino Rodrigo Santos y a pie dos grandes toreros mexicanos: Fermín Rivera y Sergio Flores.

Vive la fiesta, asiste a la plaza y emociónate con este gran espectáculo que forma parte de lo que somos como país. La Fiesta está Viva, que no quede duda.

Twitter: @rafaelcue

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