Opinión

Grupo México ya
pasó a ser víctima

“Es una estupidez lo que hicieron los diputados”, me dice un inversionista que anteayer compró un montonal de acciones de Grupo México, al referirse a la solicitud que días atrás hicieron aquéllos a fin de que el gobierno retire la concesión a esta empresa para la explotación de la mina Buenavista del Cobre, en Sonora, donde la firma de Germán Larrea derramó por accidente solución acidulada de sulfato de cobre.

Coincido. Este accidente, calificado ayer como “grave” por parte de Xavier García de Quevedo en la televisión, está siendo correctamente atendido y no tendría por qué implicar el disparate que solicitan los diputados de la Comisión Permanente.

Grupo México está haciendo bien tres cosas: (1) reconocer el accidente, que se le salió de las manos y que es el primero en su tipo en ésa, una de las minas de cobre más importantes del mundo; (2) atender a la comunidad, con el suministro continuo de agua potable, una cuadrilla de 400 personas y la rehabilitación de escuelas; y (3) colaborar exhaustivamente con la autoridad para deslindar responsabilidades en la investigación.

Pero la empresa sigue bajo el fuego, sobre todo de Napoleón Gómez Urrutia, el prófugo de la justicia que tiene una ficha roja y que representa, según García de Quevedo, exclusivamente los intereses de trabajadores canadienses y estadounidenses. Es Gómez Urrutia y su sección 65 quienes ahora están violando la ley, cerrando accesos a la mina y recibiendo una tímida —o incluso nula— respuesta de la autoridad. El gobierno debería impedir que un grupo faccioso como el de Gómez Urrutia bloquee una mina. Es gravísimo que el Estado de derecho no se cumpla y que un puñado de personas con intereses claramente identificados pueda ejercer su ley en una empresa que legalmente tiene una concesión. Imaginemos que un grupo de gente bloquea un aeropuerto o impide la operación de una terminal de autobuses. Sería inadmisible.

Ayer García de Quevedo asumió todo lo que tenía que asumir. Dijo que el accidente era responsabilidad de la empresa; y que colaborarán con la autoridad incluso en el proceso penal que la Profepa y la PGR han iniciado. Horas más tarde la Conagua le asestó otro golpe mediático al acentuar la responsabilidad de la corporación, algo que Grupo México no niega.

Y debe insistirse: en este caso no hay un solo muerto.

¿Quién gana crucificando a Grupo México? Hay que mirar la perspectiva del episodio para comprender. ¿Por qué las tribus de Gómez Urrutia son intocables y pueden bloquear una mina? ¿Qué es lo que tiene tan débil al gobernador Guillermo Padrés en este caso, que hasta los yaquis se le fueron a la yugular ayer hablándole de la “codicia” y “obsesión por el dinero”?

Twitter: @SOYCarlosMota