Opinión

Grupo Atlacomulco

 
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Atlacomulco

Uno. Recuerdo haber participado, programado por el INEHRM, en un homenaje a Isidro Fabela, ateneísta, político nacido en el Estado de México y figura de uno de los capítulos señeros del carrancismo en el plano de las relaciones internacionales. Esto, poniendo en juego principios hoy por hoy en desuso, vapuleados: la soberanía nacional, la dignidad patria, la lectura aleccionadora del combate de David contra Goliat.

Dos. Además de los méritos intelectuales y patrióticos, me permití traer a cuento otra de las aportaciones de don Isidro. Y no me refiero a la Casa del Risco que señorea el otrora señorial barrio de San Ángel. Sí, a la configuración de un grupo que lleva por nombre el de su lar natal: Atlacomulco. Grupo político que pronto excedió su jurisdicción municipal y estatal.

Tres. Reconozco no haber encontrado mejor comparación que la del GA con el “establo” de boxeadores manejado por el “Cuyo” Hernández, sabio manejador par, en el futbol, del maestro de maestros Nacho Trelles. Irreparable ha resultado, en el ring y en la cancha, la desaparición de ambos entrenadores.

Cuatro. No me fue difícil la clasificación de púgiles de la polaca del establo atlacomulqueño. Empecemos por lo pesos completos. El propio Fabela, Adolfo López Mateos y Carlos Hank González.

Cinco. De don Isidro supe por las visitas a la Casa del Risco, por mis estudios aplicados del Ateneo de la Juventud y por las cartas intercambiadas con Alfonso Reyes, a quien no sin razón Pedro Henríquez Ureña reconoció “portavoz” del formidable equipo de humanistas.

Seis. A don Adolfo lo vi varias ocasiones de lejos, pero supe de su entrañable amistad con el abuelo de mis hijos. Con don Carlos, sí tuve trato directo a causa del eje vial de Xola, el 6, cuyo plan original preveía la demolición del edificio de Radio Universidad, recién inaugurado en Adolfo Prieto 33. Que a la postre se le dejara en pie, lo que explica la
extraña curva en vialidades rectilíneas por esencia, no impidió el estropicio del cableado eléctrico y telefónico durante las obras.

Siete. La prontitud ejecutiva del Regente Hank González montó al punto una comisión bipartita, que resolvía también al punto los desmanes de los bulldozers. Más de una ocasión nos reunió en su casa de Virreyes, y no pude menos que reconocer su “toque”: encantador de serpientes. No recuerdo si en corto le confié el rebautizo de la Colonia del Valle como Colonia del Valle de Lágrimas. Sí, en cambio, que, en tanto damnificado de la Calle de Amores, polvo enceguecedor, que a su obsequio de unas corbatas con motivo de un cumpleaños, respondí burlas veras que entendía el mensaje: “Que me ahorcara”.

Ocho. Sigue la clasificación. Después de López Mateos y Hank González, y quizá Jiménez Cantú, pesos medios y medianías, maletones, sparrings y uno a tal extremo “rudo” que más parecía adscribirse a la lucha libre. Un “Cavernario” Galindo. En cuanto al actual
residente de Los Pinos (Palacio Nacional lleva rato mudado Museo, el más inane de los recintos culturales, hablo de México por supuesto, y Salón de Fiestas Oficiales), dejo a la crónica deportiva de mañana su clasificación.

Nueve. Lo indudable es que el GA, dueño de la política del Estado de México por décadas (¿ocho?), a la luz de la contienda del pasado 4 de junio, da muestras de decadencia, acabamiento. Si nos vamos a la historia, es cierto que el PRI (nieto del Partido Nacional Revolucionario, 1929), noqueó al PAN, el verdadero rival desde 1939. Sin embargo, todo parece acusarlo así, apenas venció por decisión a MORENA.

Diez. Lo que habla de una falta total de preparación, entrenamiento, jugadas de pizarrón, “resorteo”, juego de piernas. Mientras el verdadero púgil de MORENA pasó por los campamentos del mismo PRI (señal por cierto indeleble), del PSUM y del PRD, ramificaciones es verdad del partido oficial por una sola raisond’etré, la Presidencia de la 
República, el GA no ha cambiado en lo más mínimo desde los tiempos de don Isidro. Mismos golpes, mismas tácticas, mismas “peras”, mismos “costales”, mismos protectores bucales, mismos “cubeteros”.

Once. El apretado margen del triunfo, triunfo presente con visos de vengadora paliza futura, llevan a pensar en el orto de un establo con púgiles acostumbrados a que los oponentes no pasaran del tercer round, antes de rodar por la lona o de plano tirar la toalla. Aunque no faltará quien diga que “Así qué fácil”. La cuña aprieta porque es del
mismo palo.

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