Opinión

Greenwald: se caen los pretextos


 
La extraordinaria revelación del espionaje efectuado por Estados Unidos, que el mundo civilizado debe a Edward Snowden, quien pagó el precio con su exilio en Rusia probablemente bajo el riesgo de muerte, no sería igual sin la participación valiente y comprometida de Glenn Greenwald, el periodista neoyorquino del diario británico The Guardian que abrió los expedientes de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y sostiene que a Washington se le acabaron los pretextos de la “lucha antiterrorista”.
 
Es verdad: si ya en los tiempos del régimen Bush la “cruzada” muy pronto exhibió su falsedad tras las inexistentes “armas de destrucción masiva” en poder de Bagdad, hoy nadie puede tolerar que Barack Obama o John Kerry aleguen que su intromisión cibernética y telefónica es para abortar presuntos atentados del espantajo manipulable llamado terrorismo islámico, cuando TG ––señalaba el sábado Greenwald–– ha expuesto que los tentáculos de la NSA se enfocan en las negociaciones comerciales, las firmas petroleras, los ministerios de energía y hasta la entelequia llamada OEA. La guerra económica, en otras palabras.
 
Nacido en 1967, Greenwald, quien vive en Río de Janeiro, comenzó su carrera lejos del periodismo, en el despacho de abogados Wachtell, Lipton, Rosen & Katz; sin embargo, pronto escribió las primeras páginas de un trabajo que se caracteriza por su estilo incisivo, sin vacilaciones, abordando el caso Plame, que le permitió especializarse en el campo de la inteligencia en las filas de Salon y TG, diario que abandonará este mes para emprender una nueva aventura profesional junto a la productora y documentalista Laura Poitras ––indispensable para que accediera a los documentos de Snowden–– y Jeremy Scahill, quien nos ha mostrado el rostro siniestro de los mercenarios y de los aviones teledirigidos del Pentágono en The Nation.
 
Alerta
 
Greenwald sabe que “las peores y más tiránicas acciones del gobierno en Washington son respaldadas por una base totalmente bipartidista”, por lo que no se hace ilusiones respecto a demócratas o republicanos. De ahí que advierta acerca de las pulsiones represivas del “estado dentro del estado”, ejemplificadas por las amenazas de Keith Alexander, jefe de la NSA, quien acusa a la prensa de “vender” los secretos del aparato de espionaje y ha subrayado, en violación de la primera enmienda constitucional, que “debemos encontrar una forma de parar esto”.