Opinión

Grecia no pagó, tuvo su referéndum y... ¿ahora?

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Grecia

La población griega apoyó al gobierno del primer ministro Tsipras y del ministro de Finanzas Varoufakis el domingo 5, en el referéndum para definir si ya no seguían con las exigencias de la Unión Europea de mayor austeridad para obtener el siguiente tramo del préstamo de salvamento. Esto los fortaleció de manera interna para nuevas negociaciones y para poner en acción un nuevo plan en este entorno adverso. Es por lo mismo sorpresivo que el ministro de Finanzas, quien había sido el responsable de las negociaciones de confrontación, renunciara unas horas después de conocer que triunfó su propuesta en el referéndum.

Las siguientes horas y días serán decisivas para el futuro de esa economía y de la Unión Europea. Por un lado está aceptar darle a ese país los siguientes tramos del préstamo de ayuda con menores condicionantes o al menos apoyar a su sistema bancario para evitar que se colapse y con ello desplomar a esa economía. De seguir esta alternativa es cuestión de unos cuantos meses para que otros países también exijan las mismas facilidades, como serían Irlanda, España, Eslovaquia y otros más, así como aquellos acreedores que, como Gran Bretaña, se nieguen a pagar su parte del costo de este salvamento.

Por el otro lado está definir si el gobierno griego continúa con su posición de no reducir aún más sus gastos y proseguir con la política de austeridad exigida, la misma que de todas maneras ocurrirá, pero de una manera desordenada y con grandes costos por la falta de dinero. Este parece que será el escenario más probable.

Por el momento se ha tomado la decisión de continuar con los bancos cerrados hasta el miércoles, lo que dificulta la vida de los habitantes del país y el funcionamiento de las empresas. Es probable que en los próximos días se imponga un sistema de control de capitales, así como la quiebra de los bancos, que tendrán que ser absorbidos por el gobierno. Para las próximas semanas o días los bancos y los gobiernos federal y municipales empezarán a emitir bonos, certificados y pagarés “garantizados”, que se aceptarán en los comercios con un porcentaje de descuento. Por su parte, las distintas ciudades propiciarán la creación de mercados de trueque, para así facilitar el comercio, esto es, el cambio físico de una mercancía por otra.

Es muy probable que los bancos de los países en la periferia de Europa empiecen a tener problemas de liquidez, por la creciente desconfianza de los inversionistas y los ahorradores. Por lo mismo, es posible que los flujos de capitales se canalicen hacia la deuda de las economías más fuertes como son Estados Unidos y Alemania, presionando sus tasas de interés a la baja y lo inverso sucederá en las economías más débiles. Finalmente, es posible la caída del gobierno griego en algunos meses más, con lo que se agregaría una crisis política a la económica.

Esta trágica situación es culpa tanto de los gobiernos griegos que mintieron respecto a su situación financiera y a su renuencia para mantener controlados sus gastos, así como de los gobiernos y bancos acreedores que no le dieron un correcto seguimiento a las finanzas del gobierno griego e incluso le seguían prestando, a pesar de que era obvio que no podía pagar esa deuda tan elevada.

Hoy la discusión es definir quiénes van a absorber los pérdidas de esta deuda, de qué manera y en qué porcentajes, lo cual no es una plática agradable. El futuro de la Zona Euro, así como de la actual Unión Europea, está en discusión en este momento. Debido a la integración de las economías la situación griega se resiente en nuestro país, como lo confirma el tipo de cambio del peso, el precio del petróleo y los precios de las materias primas que nos impactan.

El autor es conomista.

Corre: benito.solis@solidea.com.mx

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