Opinión

Grecia: ¿hasta dónde?

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Grecia

Grexit, Grexident, Grimbo, Gredge. Con todos estos términos se ha hecho referencia a la crisis griega. Probablemente escuchemos más el primero, pero sin duda, los otros 3 también nos ponen a pensar sobre la situación que enfrentaría no solo Grecia, sino el resto de Europa, en caso de que saliera de la unión monetaria europea.

Alexis Tsipras, del partido Syriza, llegó al poder a través de una campaña de protesta. Más que una campaña de propuestas o de reformas, el tema de Syriza era el rechazo a los compromisos para el pago de deuda que se habían acordado con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea (la Troika). Cuando el poder se obtiene en un entorno de protesta, es más difícil ser sensato en las negociaciones y uno se ve obligado a mantener posturas que eventualmente son insostenibles.

Grecia debe 317 miles de millones de euros, aproximadamente el 180% de su PIB. El próximo vencimiento con el FMI es el 30 de junio por 1,500 millones de euros. El foco está ahora en si Grecia podrá pagar o no. Podría decidir no pagar y borrar su deuda a costa de una salida de la unión monetaria. De alguna forma, esta negociación entre Grecia y sus acreedores se ha vuelto un espectáculo en el que el mundo está al pendiente de ver en qué cede cada una de las partes. Es un espectáculo que podría tener consecuencias serias, no solo para los actores actuales, sino que podría marcar la pauta de las negociaciones en caso de crisis posteriores.

Es un juego delicado. Argumentar que el camino a seguir para la economía griega es salirse del acuerdo monetario y reinstalar el dracma para lograr un ajuste vía tipo de cambio pierde de vista que el comercio exterior de Grecia es únicamente el 12% de su PIB. Ya ha habido ajustes salariales para mejorar la competitividad y el sector exportador ha permanecido prácticamente sin cambios.

Los paquetes de ajuste para enfrentar una crisis financiera tienen que incluir medidas que reduzcan el déficit fiscal y pongan en orden las finanzas públicas, pero también medidas que sienten las bases para un crecimiento sostenido de la base gravable que permitan el subsecuente pago de la deuda.

El programa griego ha estado enfocado en la reducción del déficit público, mediante la reducción del gasto, el despido de personal, nuevos impuestos, disminuciones en los beneficios del sistema de pensiones. Son ajustes dolorosos, pero ha sido el costo de tener un sistema público inflado e ineficiente que a lo largo del tiempo derivó en un sector privado pequeño y dependiente del gobierno.

Pero también tendría que haber medidas para incrementar la competitividad, fomentar la innovación, mejorar la educación. Combatir la corrupción y mejorar el Estado de derecho son temas que también atañen a Grecia. Estas reformas suelen tocar intereses partidistas o sindicales y por lo tanto vienen acompañadas de cierta resistencia política. Lograr reformas importantes en la forma de producción es lo que llevaría a Grecia a crecer, y a final de cuentas, lograr crecimiento económico sostenido es el mejor camino para poder pagar a los acreedores.

Después de disminuciones de hasta del 25% de su producción, Grecia empezaba a mostrar pequeños síntomas de recuperación, el PIB creció en el 2014. Al parecer eso está por echarse para atrás. Empeñarse en posturas intransigentes en una negociación que pudieran llevar a Grecia a una salida del euro significaría un retroceso de años.

Esta incapacidad de negociar, en lugar de verse como un síntoma de fortaleza, está generando gran desconfianza. El dinero está saliendo de los bancos griegos y los inversionistas huyen.

En estos días veremos hasta dónde son capaces de llegar ambas partes. Hasta dónde son capaces de lograr acuerdos o de destruirlos, de generar confianza o de acabar con ella.

* La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard

Twitter: @ValeriaMoy

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