Opinión

Tres graves errores de
un conferencista irresponsable con su audiencia

 
1
 

 

conferencista

Debió haber sido un evento más. No fue así.

Errores antes de subirse al escenario y durante su intervención convirtieron el caso en una anécdota tan negativa, como memorable.

El programa que posaba sobre las mesas del evento indicaba el inicio de su intervención a las 12:30 horas. La conferencia anterior y su subsecuente receso habían concluido puntualmente. Todo iba bien, excepto que no se podía empezar la conferencia siguiente a la hora anunciada porque el protagonista no había llegado al recinto.

¿Un pequeño retraso? No fue la impresión que creó. A las 12:30 horas, ante la suma de llamadas, su asistente confesaba que “no sabía en dónde estaba” y él, ni contestaba el teléfono ni respondía los reiterados mensajes de texto que los anfitriones le escribían.

¿Llegará? ¿Corresponde avisar a la audiencia que no se le encuentra? ¿Cancelamos la conferencia? Interrogantes que surgieron entre los organizadores ante la incertidumbre alimentada por el vacío de información.

A las 12:35, cuando el maestro de ceremonias subía al escenario a comunicar a los 350 microempresarios que integraban la audiencia el estado de las cosas, llegó un mensaje que indicaba que llegaría a las 13:00 horas. A las 13:05, en lo que se improvisaba una dinámica, el conferencista llegó.

Primer grave error: un conferencista profesional nunca debe llegar ajustado a su intervención. Menos, llegar tarde. Lo correcto es llegar con la suficiente anticipación para 'sentir' a la audiencia, para coordinar cualquier requerimiento técnico con los organizadores y, en su caso, para conversar con quien lo presentará cómo conviene que lo haga.

Si un verdadero problema impide la llegada oportuna, los primeros informados deben ser los organizadores. Juntos o separados deben poder instrumentar el mejor curso de acción en beneficio de su audiencia. La creación irresponsable de incertidumbre es injustificable.

Ahora bien, todo hubiera pasado como un criticable retraso, de no ser por los dos hechos posteriores.

Segundo grave error: el equipo de 'apoyo' del conferencista llegó junto con él. Igual de tarde, igual de desencanchados, igual de agitados. Fue hasta que él ya estaba en el escenario cuando iniciaron la conexión de su computadora, las solicitudes de claves para acceder a internet y, en paralelo, los reclamos. Que si la conferencia era a las 13:00 horas y no a las 12:30, que si el internet del recinto estaba lentísimo, que si quien sabe qué más.

Los tres 'asistentes' debieron haber llegado mucho antes para coordinar todas las pruebas técnicas que fueran necesarias para la presentación de su asistido. Y si el recinto o la producción reportaba limitaciones insalvables, le hubieran podido reportar oportunamente al conferencista el estado de las cosas para que él hiciera los ajustes necesarios a su exposición.

Aun así, todo pudo haber quedado en el recuerdo de los equipos detrás del escenario. Sin exhibir nada a la audiencia. Pero no, el conferencista tenía que cometer el más imperdonable de los actos en un escenario.

Tercer grave error: a los 'x' minutos de su presentación, ante la falta de disponibilidad de sus imágenes en las pantallas, el conferencista empezó a justificarse. Y frente a una audiencia que no hizo nada más que paciente y cortésmente esperarlo, dijo en 'n' ocasiones que normalmente hacía sus presentaciones en línea, que solía proyectar, que normalmente mostraba cosas que, a juzgar por sus dichos, resultaban esenciales para la exposición de sus contenidos.

Para el quinto comentario, los anfitriones estaban enojados y algunos asistentes desencantados.

Sí. Todo lo anterior se hubiera omitido con mejor coordinación, con comunicación bidireccional oportuna y con prudencia.

Pero puntualidad de lado, el conferencista debe comprender que la presentación gira en torno al orador y no el orador en torno a la presentación.

* El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

También te puede interesar:
Tras el temblor, tres preguntas inevitables para el director de empresa
Qué cosas considerar al elegir al gerente de 'marketing'
El poder de la cortesía en los negocios

Sign up for free