Opinión

Graco, el gobierno federal y Federico Figueroa

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Graco Ramírez dijo que los pilares de su gobierno son la seguridad y la educación. (Archivo/ Cuartoscuro)

Una de las primeras recomendaciones que le dieron a Graco Ramírez, tras llegar a la gubernatura, es que no debía hacer de la inseguridad y la violencia uno de sus temas cotidianos. Vea a Felipe Calderón, le advirtieron, hiciera lo que hiciera o dijera lo que dijera, al expresidente ya luego le resultó imposible el salirse de esa agenda.

En parte por eso fue que al frente de la Comisión Estatal de Seguridad se nombró a Alberto Capella, para que este abogado tijuanense no sólo instrumentara el Mando Único, sino que también fungiría como pararrayos de esa complicadísima agenda. Pero Graco nunca abandonó esos temas, y sobre todo nunca desperdició la oportunidad de engancharse en cuanta polémica fue surgiendo al respecto.

A Graco le ocurrió, justamente, lo que a Calderón: su temperamento le ha jugado una mala pasada. Y estos días, cuando más prudencia precisaba, el mandatario perredista –con una carrera de cuatro décadas– se ha puesto no sólo al nivel de ese neófito de la política que es Cuauhtémoc Blanco, sino que ha hecho declaraciones temerarias que necesariamente se volverán contra él, como de hecho ya está sucediendo con el tema de Federico Figueroa.

Desde hace años, un rumor recorría Morelos, uno que señalaba que Federico Figueroa, hermano del recientemente fallecido cantante Joan Sebastian, estaba ligado a grupos criminales.

El rumor se volvió tinta a principios de 2014, cuando en mayo de ese año se anunció que la fiscalía morelense llamaría a declarar a Figueroa, luego de que ocurriera el asesinato de un abogado de nombre Alejandro Exiquio Rodas, de 35 años, y tras la aparición de narcomantas donde se ligaba a quien también es conocido como El Rey de Jaripeo con los Guerreros Unidos. Aquí una nota de EL FINANCIERO del 15 de mayo de 2014 (http://bit.ly/1OLlw7V).

Así que Figueroa es un dolor de cabeza para Graco desde hace al menos dos años. O más, si seguimos la pista planteada en abril del 2015 por Héctor de Mauleón, quien en una columna de ese mes (http://bit.ly/1HkfsgM) señala que Figueroa había sido uno de los personajes que a finales de 2013 plantearon a Graco Ramírez que pactara con los Guerreros Unidos a fin de “no tocar a la ciudadanía”. En una entrevista con El Universal, el propio gobernador había revelado, sin dar nombres de los emisarios, esa propuesta de los criminales.

El nombre de Figueroa, a quien la anterior presidencia de Cuernavaca concesionó la Feria de Cuernavaca, tuvo un nuevo momento de notoriedad nada menos que tras la tragedia de Iguala. Entonces se publicaron toda clase de señalamientos al respecto de su probable involucramiento en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Y hoy, luego del asesinato el sábado de la presidenta perredista de Temixco, Gisela Mota, este personaje ha sido acusado directamente por Graco Ramírez de estar detrás –y por las peores razones– de la negativa del nuevo alcalde de Cuernavaca a sumarse al Mando Único.

Las declaraciones de Graco acusando a Figueroa de estar abogando a favor de los intereses de Guerreros Unidos abren enormes interrogantes: ¿Es Federico Figueroa un criminal tan poderoso que ni el gobierno federal (por el caso Ayotzinapa) ni el de Morelos pueden con él? ¿Uno que se siente tan inmune a la acción de la justicia que incluso desde el lunes da entrevistas a medios nacionales?

O es que Figueroa no tiene nada que ver, pero ni las autoridades federales ni las estatales saben cómo devolver la paz a Morelos.

No sabría decir cuál de las dos opciones sería peor.

Twitter:
@SalCamarena

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