Opinión

Gore tenía razón

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Foro sobre el cambio climático en París. (AP)

Fue un profeta, para algunos un adelantado, para otros simplemente un político entrenado, preparado, que tuvo la visión o la inteligencia para asumir un tema capital para el mundo. Cuando Al Gore perdió las elecciones presidenciales más controvertidas de la historia estadounidense (2000) frente a George W. Bush, tuvo que reinventarse. Construir un nuevo discurso, una plataforma que le permitiera capitalizar su conocimiento, su experiencia y sus muchos contactos a nivel internacional. Se convirtió entonces, en el vocero del cambio climático, que le valió –en el mismo año- el Nobel y el Oscar de la Academia cinematográfica –caso único en la historia.

Aquél inolvidable documental de principios de la década pasada que denunciaba el Calentamiento Global, fue aceptado por algunos, rechazado por muchos –como exagerado y alarmista- y sobretodo, desacreditado por expertos y científicos alrededor del mundo quienes aseguraban que había un ciclo térmico milenario en nuestro planeta y que venían años de calor. Con esa simple argumentación, echaron por tierra el discurso de que la emisión exagerada de gases invernadero y el elevado consumo de combustibles fósiles, estaba provocando de manera preocupante, que el planeta entero subiera de temperatura en sus mares, en sus polos, en todas partes lo que alteraría por completo la vida en la tierra.

La COP21 que se inauguró ayer en París demuestra que hoy ningún científico, académico o investigador serio en el planeta se atrevería a desmentir lo que la evidencia ha probado en abundancia: la tierra se está calentando a causa de la sobreexplotación de combustibles de origen fósil, gases efecto invernadero, derretimiento de los polos, derretimiento de Groenlandia –como recientemente reportó CNN- elevación en la temperatura de los mares como atentado descomunal a buena parte de la vida marina.

El tema es serio y grave. Podemos ser la última generación de la raza humana en observar el problema y no sufrir aún las consecuencias, según uno de los discursos de ayer. La siguiente generación, nuestros hijos, enfrentará problemas de agua, de cambio climático -intensidad de tormentas, ruptura de ciclos agrícolas, descomposición de ecosistemas y mucho más.

Lo sorprendente de la reunión de ayer en París es que ahora resultado que todos los líderes del mundo son unos convencidos ecologistas. Xi Ginping de China anunció orgulloso las múltiples medidas que habían tomado en su país para incrementar el uso de energías limpias, justo al mismo tiempo que recorren el mundo imágenes de un Pekin oscuro, gris, atormentado por la mayor contaminación del año –y tal vez de su historia. O Vladimir Putin de Rusia quien afirmó que Rusia está en la ruta de la limpieza de los mares y la atmósfera, cuando es el tercer país más contaminante del planeta.

Estados Unidos, China y Rusia –en ese orden- son los mayores contribuyentes de emisión de gases (CO2) a la atmósfera. Barak Obama fue ligeramente más honesto al reconocer que ha sido su país, uno de los responsables si no el que más.

Unos multimillonarios de la tecnología Gates (Microsoft) Bezos (Amazon) Zuckerberg (Facebook) y otros varios, anunciaron la creación de un fondo para impulsar la investigación y creación de energías limpias. Se llama Breakthrough Energy y pretenderá aportar al corto plazo, soluciones a la conversión energética: abandonar los combustibles fósiles, carbón, petróleo, para transitar a lo eólico, lo solar, y otras nuevas, baratas y eficientes fuentes alternativas de energía.

De fondo –como en todo- existe el problema económico. El petróleo y el carbón han significado negocios multimillonarios para unos cuantos en el mundo desde hace unos 60 años aproximadamente. Esos, acaudalados emires y petroleros, obstruyeron el avance y la investigación en fuentes alternativas de energía. Existen suficientes documentos al respecto. El negocio fue tan abundante, que nadie le interesaba poner unos millones de dólares en molinos, ventiladores o celdas solares.

Pues ahora la realidad nos ha obligado. O lo hacemos pronto, o este planeta en 25 años será un lugar mucho más inhóspito de lo que conocemos.

Gore tenía razón. Si le hubiesen puesto atención hace más de una década, hoy tendríamos algún –relativo, simbólico- avance.

Twitter: @LKourchenko

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