Opinión

Golpe a golpe

Gil ha leído con los ojos de plato en su periódico Milenio de los actos violentos, cada día más violentos, de la brigadas de choque que le prenden fuego a los edificios públicos, asaltan comercios, violentan la vida diaria de los ciudadanos. Se trata, entre otros, de los miembros de la CNTE de Guerrero; se sabe que quienes integran este grupo de características fascistas son una partida de golpeadores entrenados para la destrucción y la provocación (ción-ción).

La mala nueva de estos rufianazos es la siguiente: actúan como jueces y, en consecuencia, realizan juicios y condenan con gran severidad. Estas finísimas personas detuvieron y retuvieron a 12 personas a las que acusaron de ser “infiltrados”. El castigo: los amarraron, los hicieron caminar durante una marcha con una cuerda atada a la cintura, como animales, y un letrero en el pecho, como sólo se hizo en los peores momentos de la cacería de brujas, que decía “infiltrados”. Muy bonito, gran espectáculo.

Odio

Gamés sabe, lo ha vivido, que cada día es más común escuchar en las sobremesas mexicanas que quienes maltratan y ofenden a quienes no piensan como ellos lo hacen porque están hartos. La justificación de la violencia siempre es falsa: te pegué porque me hiciste perder los estribos. A Gamés le gusta repetir este ejemplo: como me robaron mi coche, enojado ante el despojo fui y le quemé la casa a mi vecino.

En su periódico Milenio, Ciro Gómez Leyva ha escrito un artículo ejemplar en el cual explica en unas cuantas palabras la lógica perversa de la ofensa a los otros en venganza por una ofensa que proviene de otras fuentes que nada tienen que ver con las nuevas personas ofendidas. A mí me la paga alguien, y tope donde tope. ¿Un gran crimen permite una sucesión de pequeños crímenes? En estos tiempos mexicanos, sí.

Nadie responde en la prensa que defiende la violencia de los indignados, nadie responde entre los que proponen un movimiento ciudadano, nadie quiere decir lo que ha dicho Gómez Leyva: no vaya a parecer que no nos indignamos lo suficiente, no vaya a ser que se nos acuse de simpatizar con el “crimen del Estado”.

Los mismos activistas secuestraron a un diputado del PRD durante horas y lo pusieron en libertad hasta que éste firmó la promesa de su renuncia. Muy bonito. Entre los más combativos comentaristas de la sublevación onírica de las masas, ni una palabra.

Gil sospecha que en el fondo la condena a esos actos no tiene la contundencia que se merece porque muchos piensan que esa violencia es, sin duda, legítima pues proviene del más débil.

Justo Verdad

La noticia corrió como paja en el fuego, o como se diga. Gil se enteró porque un amigo lo viralizó, ¿así se dice? Uno de los personajes del actor Héctor Suárez, Justo Verdad, un hombre adusto, sin pelo, de gruesa nariz que carga unos espejuelos y viste como un burócrata de los años cincuenta, se queja amargamente durante siete minutos por los ataques que injustamente ha recibido el presidente Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera, por la "casa blanca".

De pasada, Justo Verdad habla también del propietario original, que a su vez ha sido el contratista estrella de Enrique Peña desde que éste era gobernador del Estado de México.

Durante los primeros minutos, Gamés hesitó: ¿esto va o viene? ¿Es en contra o a favor? En el minuto cuatro, don Justo Verdad defiende con hilarante (gran palabra) énfasis a la señora Angélica Rivera: “se conocen muchos casos de pobretones que lograron hacer grandes fortunas: el profesor Carlos Hank González, la maestra Elba Esther Gordillo, Arturo Montiel”, afirma Justo llamando al orden y al progreso.

Gil profetiza: el breve monólogo de Justo Verdad se convertirá en santo y seña de las redes sociales e incluso saldrá de ellas para convertirse en la crítica mayor al affaire de la maison blanche, se oye mejor así, ¿no?

Gran cosa, un hallazgo, algo de buena cepa sería que la crítica más sonada de la maison blanche viniera, primero y antes que nada, del humor y, segundo, de un exhijo predilecto de Televisa. ¿Cómo ven a Gamés haciendo vaticinios?

La máxima de Vargas Vila espetó en el ático de las frases célebres: “La corrupción del alma es más vergonzosa que la del cuerpo”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX