Opinión

Gobierno, absuelto; empresarios, culpables

 
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Japón

En las últimas semanas he escuchado a mucha gente decir que, como país, nos dormimos en nuestros laureles y nos concentramos casi exclusivamente en Estados Unidos para hacer negocios internacionales.

Estas reflexiones se acompañan de críticas al gobierno, por no detonar un mayor comercio de México con otros países.

Pero esos análisis de banqueta son sumamente injustos con quienes han mantenido el modelo económico desde mediados de los noventa hasta la fecha.

Todos los gobiernos a partir del de Carlos Salinas han contado con fuertes equipos de economistas y técnicos que han propiciado un muy completo entramado regulatorio para que miles de empresarios mexicanos aprovechen la integración de nuestro país con el mundo.

¿Ejemplos? Tenemos un acuerdo comercial con Japón vigente desde hace 12 años; uno con Israel desde 2001; uno más con Chile desde el siglo pasado; y uno con la Unión Europea desde el año 2000, en adición a otros más con Bolivia, Panamá, Uruguay, Perú, Colombia...

Hay que decirlo con claridad: no fueron los equipos de economistas del gobierno quienes decidieron concentrarse en el mercado estadounidense. No. Ellos proveyeron el marco regulatorio adecuado.

Incluso en el sexenio de Felipe Calderón se barajó la idea de un acuerdo de libre comercio con Brasil, y surgieron fuertes críticas del empresariado, que afirmaban que ya era demasiado.

Hoy lloramos porque el tablero comercial cambió derivado del nuevo gobierno en Estados Unidos. Pero lo que queda claro de la renegociación del TLCAN es que no fue el gobierno, sino los empresarios mexicanos, los que materializaron una concentración casi exclusiva hacia ese mercado. Son ellos quienes pusieron sus huevos en la misma canasta.

De poco servirá el argumento de que Norteamérica está integrada en cadenas de valor irrompibles, si lo que Donald Trump quiere es garantizar que los empleos manufactureros regresen forzosamente a su país. Trump podrá estar mal con las premisas con las que aborda el caso, pero quiere las medallas, y ya vimos que está dispuesto a cumplir al pie de la letra sus promesas. De tal suerte, si yo fuera un empresario mexicano con amplios nexos con Estados Unidos, no esperaría más y ya habría enviado varias delegaciones de ejecutivos a Japón, Europa, Chile, Israel y otros mercados, para reorientar la estrategia internacional de la empresa.

Pocas empresas mexicanas se hicieron verdaderamente globales en estos 23 años. Tuvieron las herramientas, la disposición del gobierno y el acceso al crédito barato —particularmente en la última década—. Hoy cruzan los dedos y prenden veladoras para que la renegociación sea exitosa. Que le recen a San Luis V., un famoso y destacado protomártir.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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