Opinión

Globalización y nacionalismo

 
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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

La globalización surgida y desarrollada en el siglo XX como un proceso no sólo económico, sino también tecnológico, político y cultural que logró una profunda interdependencia entre distintos países del mundo, está siendo enfrentada por un nacionalismo que apela a las diferencias de raza, de entidad, de origen, de lengua, de religión y de costumbres; y que pone en evidencia una profunda desigualdad entre países y al interior de los mismos.

La profundización y la interdependencia de los mercados, sociedades y culturas que demandaron transformaciones sociales, económicas y políticas a 25 años no trajo ni una sociedad homogénea, ni el crecimiento esperado ni enterró identidades y agravios que parecen resurgir en el mundo.

Aquel gran mercado que apelaba a los consumidores llama ahora a una ciudadanía que apela a la identidad, utiliza su poder sólo como consumidor y reacciona ante un modelo que sin duda le ha quedado a deber, al igual que sus autoridades.

Aquel llamado a una cultura global, al ciudadano del mundo que menospreciaba a la nación, al Estado nacional y que alcanzaba la universalidad del reconocimiento de los derechos fundamentales hoy en varios países llama a volver a comunidades cerradas, en donde las diferencias no estorben, en donde la lengua no sea diferente, en donde aquel pasado que se cree era mejor, resurge bajo el manto de un líder populista, autoritario y alternativo, en países de Europa y Estados Unidos con el grupo que ganó la presidencia de este país.

Aquella sociedad de consumo que iba a crecer prósperamente derribando sus fronteras y los obstáculos, aquella sociedad libre que obtendría lo mejor del mercado, la calidad, la innovación, los precios bajos, los empleos, las puertas abiertas, hoy topa con un muro.

Aquellos modos de producción globales utilizados por las empresas multinacionales, la libre circulación de capitales, hoy se encuentran expectantes ante una mano que sin duda no es invisible, que ante la amenaza cortan sus alas para quedarse encerrados.

Hoy es cuando volteamos a ver al mercado interno como un motor para el desarrollo que habíamos olvidado, hoy apelamos a la ciudadanía a fortalecer al país con una unidad que va más allá de la identidad y tiene como única motivación la amenaza externa.

Hoy apelamos a los ciudadanos y al mercado interno, el cual creció a un ritmo de 4.4 por ciento en 2016 (el sector formal). Hoy nos preocupa un salario estancado, una producción nacional, el sello Hecho en México. Hoy llamamos a la confianza, a fortalecer al presidente, a proteger a nuestros migrantes a los cuales arrojamos a cruzar las fronteras. Hoy que nos debatimos en la violencia, en la desigualdad, en la corrupción y en la pobreza. Y, ¿por qué no lo hicimos antes? ¿Hay condiciones ahora? ¿Es una ocurrencia más del grupo gobernante?

Sin duda los valores de una sociedad no cambian de un día para otro; los modelos no se abandonan o se ingresa por decreto; el entramado de relaciones comerciales y de producción no se corta por voluntad; la corrupción no se termina con una ley y la elección de un grupo de personas; los ciudadanos no sólo votan a cambio de incrementar su poder de consumo, pero las coyunturas sí son decisivas para cambiar el rumbo. Y debemos decirlo, antes de Trump, ya habíamos perdido el rumbo.

Twitter: @SamuelAguilarS

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