¿Y el dinosaurio?
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¿Y el dinosaurio?

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¿Y el dinosaurio?

10/09/2018

Los inobjetables resultados de la jornada electoral del 1 de julio, producto, en mucho, del mal humor social, hicieron pensar que el dinosaurio estaba extinto.

La expectativa social que condujo al triunfo morenista tuvo como eje el deseo de un cambio, radical y profundo, en las formas y los modos de ejercer el poder. La exigencia ciudadana ante la corrupción y la violencia fue el catalizador de la derrota del actual régimen y habrá de ser, sin duda alguna, la mayor y más sentida demanda popular para el gobierno venidero.

Los desafíos que enfrenta la nueva administración que inicia formalmente en diciembre próximo son complejos y apremiantes en todos los ámbitos, pero el factor social, con su gran carga de inequidad, violencia, pobreza y miedo sigue siendo preeminente. Revertir la inseguridad, acotar el ambiente criminal característico de las últimas décadas y su cauda de sangre e impunidad, es el gran reto para quien pretende la refundación de la República.

Aunque se ha anunciado, como antes, una nueva estrategia de combate al crimen, no se sabe en qué consistirá. Ya se ha dicho claramente que soldados y marinos seguirán en las calles. La recreación de la Secretaría de Seguridad Pública, por su parte, y la pretensión de absorber en ella a los órganos de inteligencia, ofrece más dudas que certezas sobre el rumbo a seguir, a lo que se suman otros cambios en el discurso y en la acción, que son reminiscencia de pasados tiempos de la más rancia política mexicana.

Cierto, las ofertas hechas durante la contienda no dan garantía de su materialización una vez que se ejerce el poder, pero en su cumplimiento se funda la confianza social, la expectativa de cambio y el acompañamiento ciudadano a sus gobernantes. Honrar la palabra debe ser principio de buen gobierno.

La divergencia entre el decir y el actuar, puede sugerir que el dinosaurio no ha muerto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.