La nación de sólo uno
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La nación de sólo uno

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La nación de sólo uno

04/06/2018
Actualización 04/06/2018 - 13:06

La ciencia política señala a la democracia como el sistema de gobierno en el cual el poder es ejercido por el pueblo y es éste el que elige y controla a sus representantes, estableciendo mecanismos y regulaciones que garanticen los equilibrios e impidan excesos en el ejercicio del poder y en la toma de decisiones que afectarán, invariablemente, a la nación entera.

La calidad de una democracia depende tanto de la solidez de las instituciones y el respeto de la ley, como de la madurez, participación y ética de la sociedad, para lograr objetivos comunes de bienestar, estabilidad y progreso.

Pero la teoría es frecuentemente rebasada por la realidad y, en no pocas ocasiones, secuestrada por el interés personal o de grupo, vulnerando los más elementales principios de certeza, confianza y expectativa de futuro colectivo.

Un gobierno sin equilibrios y contrapesos eficaces abre la puerta al exceso y la voracidad, al capricho o a la necedad, omitiendo el consenso, que en democracia se supone obligado. Así, los líderes se convierten, paradójicamente, por mandato popular, en autócratas sin control ni límite, sucumbiendo a la pasión y al ego.

La tentación autoritaria, en pleno siglo XXI, cuando se postula a la democracia, con su carga de respeto a los derechos y libertades humanas, de transparencia y rendición de cuentas como el sistema de gobierno más deseable, lejos de desaparecer se reedita. La seguridad humana, neologismo del fin de la Guerra Fría, muestra su fragilidad conceptual y operativa ante la soberbia del poder. Un solo individuo se erige en la voz de una nación entera, tentando al fantasma de la guerra.

La virulencia y la unilateralidad con que recientemente ha actuado uno de los líderes más polémicos del mundo amenaza, como en terribles épocas pasadas, la estabilidad global.

La historia enseña a dónde puede conducir la irracionalidad de un personaje con ambición y poder desmedidos, cuando la nación es sólo uno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.