¿Guardia nacional?
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¿Guardia nacional?

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¿Guardia nacional?

09/04/2018
Actualización 09/04/2018 - 11:09

Quizá con la intención de ofrecer al electorado planteamientos novedosos respecto de la principal preocupación social: la inseguridad, el candidato puntero en las encuestas ha reciclado la idea de constituir la Guardia Nacional, que si bien está contemplada en la Carta Magna (y en la Ley del Servicio Militar), sólo existe en el papel.

Pero lo que llama verdaderamente la atención y hace levantar las cejas es la declaración de que México no requiere de Fuerzas Armadas para su defensa y, por ello, éstas serán componentes de la Guardia Nacional, para atender en prioridad la inseguridad y la violencia interna.

Los argumentos vertidos en diversos foros han generado una gran inquietud, dada la superficialidad que sugiere, cuando menos, una ocurrencia, que merece mucha mayor reflexión dada la alta complejidad estructural, legal y funcional que ello representaría.

El propio marco constitucional le establece al presidente facultades diferenciadas respecto al empleo, por una parte, de las Fuerzas Armadas y, por otra, de la hasta hoy inexistente Guardia Nacional, pasando por la anuencia previa del Senado, ya que esta última tiene, en principio, una connotación estatal, herencia de la estructura federal de nuestro vecino del norte, que no fue asimilada en su totalidad y profundidad por la política y doctrina militares mexicanas.

Ciertamente, la discusión sobre la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública ocupa uno de los primeros planos en la palestra nacional, que ha sido catalizada por la controversial Ley de Seguridad Interior y demanda de redefiniciones en la estrategia hasta hoy adoptada. Pero la trascendencia vital del tema obliga a un análisis profundo, sin vaguedades o ligerezas de corte electoral.

Las amenazas son reales, el ejemplo está a la vista.

Lo que las ocurrencias ponen en juego es, nada menos, que la estabilidad institucional y la seguridad de la nación. Cuidado con las ofertas de campaña.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.