El beneficio de la duda
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El beneficio de la duda

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El beneficio de la duda

03/12/2018

Más allá del simbolismo del que estuvo revestido el acto de toma de posesión del presidente López Obrador –héroes, cadetes y Jetta incluidos– no se tuvo sorpresa alguna. El discurso inaugural del nuevo gobierno fue la suma y reiteración de las ofertas de campaña, las mismas frases, las mismas expresiones, la misma crítica.

El nuevo líder de los destinos nacionales se ha comprometido a no fallar, a purificar la vida pública, a pacificar el país y conducirlo por la senda del desarrollo y el bienestar, ofertas que nadie en su sano juicio puede rechazar, pues constituyen no sólo las más sentidas demandas de la sociedad, sino el corazón mismo del hartazgo social que lo condujo a su apabullante triunfo electoral.

El recién estrenado gobierno debe tener claro que la población no necesariamente votó a favor del caudillo, sino en contra de la frivolidad, soberbia, voracidad e impunidad con que en el pasado reciente se ejerció el poder y, por lo tanto, está obligado a no repetir la misma historia. No se trata solamente de cambiar los actores, las formas y los modos, sino de replantear desde sus cimientos el actuar institucional.

Las frustrantes experiencias de cada fin de sexenio se repiten. La incertidumbre se apodera del ambiente y la esperanza, acompañada con la respectiva dosis de escepticismo, paradójicamente, se renueva ante la expectativa de cambio y mejoría que generan las promesas del nuevo mandatario, por ambiciosas que parezcan. Esperanza, siempre la esperanza…

Cierto, el actual Presidente, por innumerables razones, no tiene derecho a fallar luego de la innegable confianza que la sociedad le ha brindado y la altísima cuota de poder que acumula. Confiemos en que el abrumador capital político con que asume no se dilapide. Esperemos que realmente la corrupción y la ambición se erradiquen, y la razón, la prudencia y la honestidad le asistan en su gestión.

Controvertido o no, la nación le concede el beneficio de la duda.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.