Gobierno hegemónico a fuerza
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Gobierno hegemónico a fuerza

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Gobierno hegemónico a fuerza

18/06/2018
Actualización 18/06/2018 - 14:34

Ante la desesperación de muchos y la emoción de otros, todo apunta a que en el próximo sexenio vivamos un gobierno hegemónico con un presidente de la República con mayoría de legisladores de su propia alianza en el Congreso.

Esto permitirá a Andrés Manuel López Obrador realizar los cambios legales que requiera para cumplir con sus promesas de campaña y si cuenta con mucha suerte, hasta las reformas constitucionales, ya que algunas encuestas muestran que la alianza Juntos Haremos Historia puede ganar hasta dos terceras partes, al menos de la Cámara de Diputados.

Cuando Vicente Fox ganó en 2000 hicieron un análisis de los cambios constitucionales que se requerían para cumplir con sus promesas y llegaron a la conclusión de que era imposible lograrlos, ya que significaba cambiar casi toda nuestra Carta Magna, por lo que finalmente optaron por seguir con muchas de las reglas que había dejado el priismo.

Pero no sucedió lo mismo con Andrés Manuel López Obrador, quien en sus primeros años de gobierno en el entonces Distrito Federal, al no contar con la mayoría en la Asamblea Legislativa, optó por un camino mucho más rápido para lograr las adecuaciones que requería y hacer un gobierno a su modo.

A este camino se le debe, entre otras cosas, el boom inmobiliario en las delegaciones Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza, porque López Obrador encontró un atajo que lo llevó a realizar 23 cambios con la figura del bando de gobierno.

En 2000, casi al iniciar su gobierno, sacó el primer bando que hablaba de la renovación total del personal de confianza en la Tesorería del Gobierno del Distrito Federal y establecía la posibilidad de pagar las contribuciones locales en las instituciones de crédito, además de que solicitaba la designación de un fiscal especial para perseguir los delitos en materia de pago de contribuciones y que creaba el consejo para la transparencia de la hacienda pública del Distrito Federal.

Pero sin duda el más inolvidable fue el bando número 2 que se refería al desarrollo urbano y mediante el cual se restringía el crecimiento de las delegaciones Álvaro Obregón, Coyoacán, Cuajimalpa, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco. Además, se promocionaba el crecimiento poblacional en las otras cuatro delegaciones, lo cual ha provocado molestias entre los ciudadanos que ahí habitan y fueron de las más dañadas en el sismo del 19 de septiembre pasado.

Hubo otros bandos inolvidables como el relativo a crear tres corredores industriales y comerciales mediante el cual se autorizó el proyecto del corredor turístico Catedral-Basílica de Guadalupe, a través del cual el jefe de Gobierno de izquierda le dio grandes posibilidades de negocio a la Iglesia católica.

Es el puntero en las encuestas y sería bueno que quienes trabajan en el gobierno federal recordaran que también fue mediante el bando número 4 que López Obrador redujo los salarios de los altos funcionarios del gobierno del Distrito Federal, eliminó varias áreas administrativas y despidió a cientos de personas que laboraban por honorarios, como asesores, secretarios particulares y personal de comunicación social.

Está claro que con mayoría o sin ella, López Obrador hará los cambios que él decida. Si en el Distrito Federal que tenía menos atribuciones emitió los bandos, provocó un crecimiento inmobiliario sin reglas claras que pagamos todavía y vetó ordenamientos jurídicos, como la ley de transparencia, gane o no el Congreso encontrará caminos para un gobierno hegemónico como los que vivíamos en el siglo pasado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.