De fraudes y mentiras
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De fraudes y mentiras

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De fraudes y mentiras

16/03/2018
Actualización 16/03/2018 - 12:51

Las elecciones se convierten en una guerra en la que todo es válido. Los candidatos critican la corrupción del actual gobierno y la usan como bandera para las distintas campañas, pero la realidad nos enfrenta a toparnos constantemente con actos que terminan provocando enojo en los ciudadanos.

Las candidaturas independientes fueron vistas como la opción ante el hartazgo de los partidos políticos. Así llego Jaime Rodríguez, El Bronco, a la gubernatura de Nuevo León, pero ahora la realidad es muy diferente.

Da hasta vergüenza lo que sucede con los candidatos independientes. Cuando comenzó el escándalo de que se vendía el padrón y los datos, parecía hasta absurdo, pero ahora nos enteramos de que hasta los aspirantes presidenciales están en esta situación.

De 48 aspirantes presidenciales inscritos en el primer momento, al parecer sólo una logrará ser candidata y eso, con dificultades. La única que pasa con seis es Margarita Zavala, ya que los otros dos que consiguieron el total de las firmas, Armando Ríos Piter y Jaime Rodríguez, presentaron muchas firmas falsas, por lo que no lograron las 866 mil 593 requeridas.

Es decir, gran parte de estos nuevos próceres de la democracia quisieron cumplir con el requisito de forma fraudulenta y, por lo tanto, corrupta.

La Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos presentará el dictamen de la validación de las firmas y luego los aspirantes tendrán su garantía de audiencia para que se defina su situación el 29 de marzo, un día antes de que inicien las campañas.

Finalmente, Pedro Ferriz de Con tenía razón y la venta de información confidencial con documentos falsos quedó demostrada y lo más triste es el gran número de ciudadanos y aspirantes que se prestaron a este fraude y nos hacen dudar de la política en general.

Si criticamos los actos de corrupción no podemos comprar firmas, ni cobrar el diezmo a los trabajadores como sucedió con Delfina Gómez en el Estado de México, porque un día los ciudadanos podremos decidir no volver a votar, como plantea José Saramago en su Ensayo sobre la lucidez.

Y tampoco es posible que los candidatos mientan impunemente y sin vergüenza como Víctor Hugo Romo, quien se pasó del PRD a Morena para volver a gobernar la delegación Miguel Hidalgo.

No sólo es mentiroso, también tiene un ego que lo puede perder, ya que inventa encuestas y se pone por encima de su líder y guía Andrés Manuel López Obrador.

Romo me entregó una encuesta de Mendoza Blanco y Asociados, en la que encabeza las preferencias con 43 por ciento; al candidato presidencial, que es la razón de ser de su partido, le da sólo 41 por ciento y a la candidata al gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, le da sólo 39 por ciento.

O sea que en Morena necesitan aspirantes como él para atraerle votos a López Obrador.

Mendoza Blanco y Asociados se deslindó de esa encuesta y la respuesta de Romo fue que su equipo cometió un error y que era de Buendía y Laredo.

El problema es que la encuesta tenía los logos de Mendoza Blanco y Asociados y nunca demostró que era de otra casa encuestadora.

Si como candidatos no les importa engañarnos, mucho menos les importará gobernar mal o corromperse. Se requiere un alto y acabar con la impunidad para que ya no haya firmas falsas, ni más engaños a los ciudadanos. La autoridad debe actuar legalmente si queremos volver a creer.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.