A la espera de los cómos
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A la espera de los cómos

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A la espera de los cómos

03/12/2018
Actualización 03/12/2018 - 13:38

Fue una fiesta de símbolos, de poder, un día entero dedicado al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. No hubo novedades en el discurso ni un acercamiento a cómo se cumplirá con los compromisos, pero lo cierto es que la gente se volcó a las calles.

La esperanza de un cambio y el hartazgo por las políticas de los últimos 30 años se hicieron manifiestas desde la elección y ahora la gente cree que mejorará su calidad de vida.

¿Cuánto durará el bono democrático que entregó la sociedad a Andrés Manuel López Obrador? Dependerá en mucho de que la gente vea el cumplimiento de sus expectativas con mayores recursos económicos, menor inseguridad y mayor transparencia.

Una vez más, como sucedió en campaña, el discurso del presidente en el Congreso de la Unión se centró en el combate a la corrupción y una vez más quedaron en el aire los cómos para acabar con este flagelo.

Puso como sustento de la cuarta transformación esta lucha, al afirmar que “a partir de ahora se llevará a cabo una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo profunda y radical, porque se acabará con la corrupción y con la impunidad que impiden el renacimiento de México”.

Y la calificó como “la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos”.

Sin duda, la corrupción es uno de los principales problemas del país, pero el crecimiento de la delincuencia no es unifactorial y tampoco es cierto que todo se pueda arreglar barriendo la corrupción de arriba para abajo.

Aquí seguimos sin saber cómo se enfrentará a la corrupción, si se darán más dientes al Sistema Nacional Anticorrupción, o si se cree que simplemente centralizando las compras del gobierno federal en la Secretaría de Hacienda se asegura la transparencia.

Sin duda, otro momento que atrajo nuestra atención fue cuando en su discurso en el Congreso, el presidente se refirió a dos sexenios priistas que puso como ejemplo de crecimiento económico en el país.

Estos son los que van de 1958 a 1970, y tuvieron en común el hecho de que, en ambos, el secretario de Hacienda fue Antonio Ortiz Mena, y que “la economía del país creció no sólo al 6 por ciento anual, sino que este avance se obtuvo sin inflación y sin incremento de la deuda pública”.

Pero hay algo que olvidó decir y que finalmente son hechos muy importantes en la historia de este país: de 1958 a 64 gobernó Adolfo López Mateos, quien reprimió al movimiento Ferrocarrilero, y qué decir del siguiente presidente, Gustavo Díaz Ordaz, a quien ni más ni menos le debemos la matanza de 1968.

Por alguna razón, el presidente López Obrador decidió dejar claro que bajo ninguna circunstancia buscará la reelección y aprovechó para reiterar que en dos años y medio se someterá a la revocación del mandato a través de una consulta pública, precisamente el 1 de julio, cuando se llevarán a cabo las elecciones intermedias para elegir a los diputados, y si las cosas le salen bien a su gobierno, esta consulta podrá una vez más provocar el efecto AMLO a favor de los candidatos de Morena.

Los primeros cambios ya están: por ejemplo, ya está a la venta el avión presidencial, que sin duda en campaña fue un gran atractivo en sus promocionales, pero esto ni de chiste acaba con la corrupción, simplemente significa una incomodidad para el propio presidente.

La esperanza está ahí, y la historia ha demostrado que aún en el equipo de López Obrador puede haber corruptos, sólo hay que recordar a algunos personajes de su gobierno en el Distrito Federal como René Bejarano, Carlos Imaz y Gustavo Ponce.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.