Opinión

Genocidio en el Medio Oriente

31 octubre 2016 5:0
 
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Alepo, Siria

La ofensiva bélica del régimen autocrático del presidente sirio Bashar al Assad (BA), contra la insurgencia que busca derrocarlo, así como los ataques indiscriminados del Ejército Sirio contra civiles, constituyen actos de lesa humanidad, verdadero genocidio. En la tarea de exterminio de su pueblo y de otras minorías étnicas y religiosas que viven en Siria, BA ha recibido apoyos financieros, de efectivos y de sofisticados armamentos de Irán y Rusia, principalmente.

Investigadores de la ONU sobre la situación en Siria han acusado al gobierno de BA de “exterminio” de detenidos, de la muerte masiva de prisioneros como política de Estado; no obstante, también reconocieron que el gobierno sirio no es el único que comete atrocidades, igualmente las realizan organizaciones terroristas que controlan extensiones amplias de Siria, entre ellas, el brazo sirio de Alqaida, Jabhat al Nusra y los yihadistas del Estado Islámico (EI).

Asimismo, Amnistía Internacional (AI) ha realizado una investigación en la que documenta crímenes de guerra cometidos por las fuerzas del gobierno de Siria. El testimonio de 65 exreclusos de la oposición a BA “en la cárcel más siniestra” de su régimen, Saydnaya, en la que aparentemente se buscaba una selección para librarse de los más débiles. Los exreclusos han descrito el infierno en el que se han convertido los cabezas de los servicios de seguridad y las prisiones del gobierno de BA. Los prisioneros han indicado que los trataban como animales; las mujeres sufrían violaciones y agresiones sexuales. El hacinamiento en celdas, la falta de comida, las plagas de piojos y sarna, y la ausencia de atención médica, junto a los malos tratos, “conforman una combinación letal en las cárceles sirias”. AI estima que entre marzo del 2011, cuando estalló la guerra civil en Siria y diciembre del 2015, fallecieron 300 presos en promedio diario.

Desde septiembre del año pasado, Rusia, so pretexto de combatir al EI, asentado en su Califato en Alepo en Siria y en la provincia de Diyala en Irak, se unió a la Coalición Internacional de más de 30 países, liderada por EUA, con lo cual se intensificó la ofensiva contra los terroristas a través de bombardeos aéreos y el lanzamiento de misiles desde el Mar Caspio. No obstante, EUA y sus aliados han señalado que muchos de los ataques rusos han sido en áreas en las que los yihadistas tienen poca o nula presencia. Analistas militares consignan que Rusia más bien ha bombardeado a los grupos de oposición sirios que ya estaban haciendo tambalear a BA.

En este contexto, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, opositor de BA con base en Londres, ha mencionado que los ataques aéreos de Rusia han causado miles de muertos en Siria. Los bombardeos rusos afectaron a los rebeldes, empero, paradójicamente permitieron avanzar al EI hacia Alepo al Este de Siria, que fuera la ciudad más poblada de ese país, antes de la guerra civil tenía 1.5 millones de habitantes. Alepo lleva más de cuatro años dividida entre zonas dominadas por los rebeldes y barrios controlados por el régimen o las fuerzas kurdas. En los últimos seis meses Alepo pasó a ser uno de los focos más importantes de la contienda.

En el presente las fuerzas rebeldes están cercadas en Alepo. La lucha en esa ciudad se escaló en octubre y prácticamente está destruida; los bombardeos rusos sobre Alepo, con hospitales, escuelas e infraestructura como objetivos pueden considerarse como crímenes de guerra; el Reino Unido y Francia han propuesto aplicar sanciones económicas a Rusia; sin embargo, la Unión Europea se ha opuesto en su conjunto a las mismas. En este entorno, más de medio millón de personas están en Alepo aisladas sin agua, ni medicinas. Cien mil niños corren peligro de perder la vida.

Siria vive la fase más creciente de la guerra, los niños son los que han recibido el mayor impacto de la misma; de acuerdo al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés), 8.5 millones de niños han sido afectados por el conflicto, “sus vidas están marcadas por la violencia, el miedo y el desplazamiento; 2 millones de infantes no reciben ningún tipo de educación en Siria y 700 mil viven en países vecinos”.

Cada día más niños migrantes de Siria y de otras naciones cruzan el mar en dirección a Italia sin sus familias, con lo que el número de menores no acompañados registró un récord de 20 mil en lo que va del año. Según la Unicef, la situación de los niños refugiados y migrantes en Italia es cada vez más desesperada y el sistema de protección infantil está saturado en ese país.

Al final de cuentas el EI ha sido debilitado en Siria por los ataques de los diferentes combatientes y de la Coalición Internacional; el EI ha perdido 40.0% del territorio conquistado previamente; el costo en términos humanos es inadmisible. El EI reenfoca parte de su estrategia terrorista a realizar un mayor número de atentados en el mundo, particularmente en Europa y EUA.

Por otra parte, el 18 de octubre pasado las tropas iraquíes y kurdas, iniciaron la batalla final para reconquistar Mosul, la segunda ciudad más importante de Irak en manos del EI desde hace dos años. Se estima que más de un millón de personas viven en Mosul bajo el régimen extremista del EI “donde escasea la luz, el agua, no hay internet y la gente se divierte y se horroriza con las ejecuciones públicas; “el EI ha empezado a utilizar a civiles, como escudos humanos, forzándoles a instalarse en inmuebles que podrían ser objeto de ataques”, además están impidiendo la salida de civiles de la ciudad. Preludio de un nuevo baño de sangre, como el que han experimentado los yazidíes en Sinjar en el noroeste de Irak, la patria ancestral de esta minoría etnoreligiosa de cultura y lengua kurda. El yazidísmo es una religión prehislámica del Medio Oriente cuyas raíces se remontan a 200 años A.C., su credo proviene del zoroastrismo; hasta el siglo VII DC fue la religión oficial de los kurdos, empero, posteriormente bajo el Imperio Otomano con imposición de la islamización obligatoria, su número se fue reduciendo; la mayoría de los yazidíes viven cerca de Mosul en Irak; existen pequeñas comunidades en Armenia, Georgia, Irán, Rusia, Siria y Turquía; se estima que el número total de yazidíes suma entre medio millón y 800 mil.

En Sinjar en Irak vivían alrededor de 300 mil personas, la mayor parte yazidíes, antes de la invasión de las fuerzas del EI en agosto del 2014. Los atacantes que consideran a los yazidies como herejes porque su religión es marcadamente sincretista y su cosmogonía está emparentada con las de las antiguas religiones persas, “entraron a sangre y fuego en Sinjar, persiguieron a quienes trataron de escapar y refugiarse en las montañas”; el EI les dio un ultimátum convertirse a su credo o morir.

Miles de yazidíes fueron masacrados, las mujeres violadas y regaladas o vendidas como esclavas sexuales; los jóvenes, alistados forzosamente y usados como carne de cañón. En diciembre pasado los yihadistas del EI fueron expulsados de Sinjar; durante meses los soldados han trabajado para desactivar las minas que el EI dejó en su retirada. El retorno de los yazidíes a sus hogares es difícil, sus casas fueron destruidas y sus cosechas arrasadas, no hay servicios públicos y prevalece un sentimiento de inseguridad en la zona.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU, concluyó en junio pasado que el EI cometió genocidio contra los yazidíes; asimismo calculó que más de 3 mil aún permanecen cautivos del EI, la mayoría en Siria, donde las mujeres siguen siendo esclavizadas sexualmente y los niños utilizados en combate. Los yazidíes claman justicia del genocidio de que han sido objeto, la herida está viva en este grupo y en todo el Medio Oriente.

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