Opinión

Generaciones taurinas


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La fiesta está viva

Desde que el hombre fue capaz de comunicarse con sus semejantes, dio inicio una de las formas más importantes de herencia cultural: la oral. De padres a hijos, y aún mejor, de abuelos a nietos, en la tauromaquia este vínculo sigue uniendo generaciones. En la gran mayoría de los casos, los que somos aficionados es gracias a que en nuestra niñez fuimos llevados a los toros, haya sido por nuestros padres —mi caso—, o incluso hay quienes con mayor dicha acompañaron de la mano a sus abuelos, quienes con la ternura y cariño del estatus familiar, gozaron compartiendo una tarde de toros con sus nietos.

El martes 15 de septiembre, enclavados en el campo bravo zacatecano, en la ganadería de Pozo Hondo, para ser más preciso, 30 personas pudimos vivir un día campero inolvidable. Podría haber parecido una tienta más, pero ese día se conjuntaron muchos factores para hacerlo especial, lleno de emotividad.

Se tentaron siete vacas del hierro zacatecano, siendo aprobadas para la reproducción cuatro de ellas. Fuimos testigos los ahí presentes del milagro de la bravura, de la estricta selección ganadera para mantener una especie única que veneramos, la del toro de lidia.

El tentadero de Pozo Hondo contiene tal historia que, por sólo poner un ejemplo, fue en el primer ruedo en el que el Monstruo de Córdoba, Manuel Rodríguez Manolete, tuvo su primer contacto con el ganado bravo mexicano, en 1945; en ese entonces tentadero de Torrecilla. Ahí, en esos treinta y tantos metros de diámetro de muros gruesos y encalados, estuvimos varias generaciones disfrutando y enriqueciendo nuestra pasión taurina. El clima fue un espectáculo: el cielo azul intenso, las nubes blancas y el aire puro.

A cargo de la tienta estuvieron los tres matadores que al día siguiente lidiarían la corrida de este hierro en la Monumental de Zacatecas: José Moral, sevillano, un pedazo de torero con arte, elegancia y profundidad en su toreo; Arturo Saldívar, recio torero de Teocaltiche, cuya forma de torear reúne la elegancia y reciedumbre que emanan un arte muy personal; y Diego Silveti, cuarta generación de toreros mexicanos que han puesto muy en alto el nombre taurino de nuestro país. A caballo estuvo el gran picador mexicano Nacho Meléndez, tercera generación de toreros de plata. Como ayudas estuvieron Eduardo Silveti, hijo del Rey David, y el aspirante a novillero Iñaki Bernús, quien supo estar en su papel, aprovechando la oportunidad de torear a las vacas después de los matadores y absorbiendo los consejos que los diestros le brindaron.

En el palco el cartel también fue de tronío, comenzando por los ganaderos y grandes anfitriones: el arquitecto Ramiro Alatorre Córdoba y su esposa, doña Ana María Rivero, quien es ni más ni menos que tercera generación de ganaderos Llaguno, siendo nieta de don José Julián. Gozaron dichos ganaderos de tener ese día dos generaciones más de familia: su hijo Ramiro (con quien llevan las riendas del hierro) y su mujer, así como los hijos de ellos y sobrinos, quienes son ya la quinta generación de esta familia que lleva el toro bravo en las venas.
De matadores en retiro estaban ni más ni menos que el sevillano Manolo Cortés, torero de toreros, y hoy apoderado de Pepe Moral, y el maestro colombiano César Rincón, máxima figura del toreo mundial. Por parte de la prensa taurina estuvo el madrileño José Carlos Arévalo, gran escritor y crítico taurino; Juan Antonio de Labra, comentarista y crítico, quien es segunda generación de taurinos de prosapia, los Madrazo; Felipe Pescador, taurinazo y gran fotógrafo zacatecano; Joaquín Arjona, fotógrafo sevillano y tercera generación de artistas de la lente, cuya familia atesora la historia gráfica taurina desde principios del siglo pasado; y Juan Enríquez, radiodifusor en Zacatecas y empresario junto con Manuel Sescosse de la Monumental de cantera rosa, que a su vez es ganadero y tío de torero.

Día memorable: 21 generaciones compartiendo una pasión, tres países hermanos y la reafirmación de que las tradiciones unen a los pueblos, consolidan su esencia y trasladan valores de vida generación tras generación.

Alrededor del tentadero, en las vastas extensiones de campo donde el toro es rey, pastan generaciones de toros y vacas con sus becerros, orgullosos de ser lo que son, en un hábitat inigualable, donde conviven con aves, liebres, conejos, coyotes y muchas otras especies en total libertad y bajo el equilibrio ecológico natural que son las ganaderías de bravo.

Twitter: @rafaelcue

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