Opinión

GDL: la lección

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Bloqueos en Jalisco y Colima

La tormenta se veía venir. Huachinango, carretera estatal 544, matan a cuatro soldados en una emboscada (12.5.14). Ocotlán, acribillan a cinco efectivos de la Gendarmería de la Policía Federal (19.3.15). Carretera estatal 544, tramo Mascota-Las Palmas, emboscan y asesinan a 15 policías de la Fuerza Unica del estado (6.4.15).

Todos los ataques fueron perpetrados por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que además es responsable del asesinato del secretario de Turismo del estado, el 9 de marzo 2013, y atentó contra el comisionado de Seguridad Pública el 30 de marzo pasado.

Así que los 39 bloqueos y el derribamiento del helicóptero Cougar encuadran perfectamente. El Cártel Jalisco tiene enorme capacidad de fuego -que incluye armas sofisticadas- y está decidido a enfrentar al Estado.

Cómo entender lo que está ocurriendo en Guadalajara. Varios niveles se imponen. Primero, el tiempo. La capital del estado de Jalisco fue un mar de relativa tranquilidad en medio de la tormenta del sexenio anterior. Se decía entonces que había un pacto entre cárteles para preservar una zona segura para sus familias. Lo cierto es que la muerte de Ignacio Coronel, en julio de 2010, terminó con esa paz.

En ese contexto apareció el CJNG, cuyos elementos ya existían pero estaban asociados al Cártel de Sinaloa, que controlaba la plaza a través de Ignacio Coronel. A su muerte, se desató una guerra por el territorio, en particular con Los Zetas. Fue entonces que aparecieron decenas de cadáveres en Guadalajara y en Boca del Río, Veracruz.

La gravedad de la situación se hizo evidente cuando se supo que 18 cuerpos, dejados en Ixtlahuacán de los Membrillos, a unos kilómetros de Guadalajara, habían sido levantados aleatoriamente. No eran traficantes ni sicarios, eran ciudadanos comunes y corrientes, que fueron seleccionados al azar y luego asesinados por Los Zetas, para mandar un mensaje.

Cuando el gobierno de Felipe Calderón decidió perseguir hasta la muerte a Coronel, algunos manifestamos preocupación y alarma. Guadalajara era una ciudad en relativa paz, en tanto que Monterrey ardía en llamas. La pregunta era simple: si no se podía pacificar a la segunda, ¿qué necesidad había de abrir otro frente en la primera?

La pregunta sigue sin respuesta y la advertencia se cumplió cabalmente: Guadalajara entró en una espiral de violencia, con altibajos, que ha culminado con lo ocurrido el viernes 1º de mayo. Este proceso tuvo elementos inesperados e importantes. El desmantelamiento de Los Templarios y la ofensiva del Estado contra Los Zetas fortalecieron al CJNG.

Guadalajara, y el estado de Jalisco, ya no están en disputa. El CJNG ha ganado la hegemonía. Por eso, a diferencia de lo que sucede en Tamaulipas, no estamos ante una guerra por el control del territorio, sino ante un “levantamiento” contra las autoridades para impedir la detención de los principales líderes del Cártel Jalisco.

La lección tapatía es importante. Mientras el gobierno federal difundía que la mayoría de los “objetivos” (93 de 122) habían sido aprehendidos, y algunos nos informaban que la era de los grandes capos y del salvajismo en las ciudades había terminado, irrumpió la violencia en la segunda ciudad del país.

No sólo eso. Desde Estados Unidos se ha advertido que el Cártel Nueva Generación se ha convertido en una organización más poderosa que el Cártel de Sinaloa. Peor aún. Por encima de ese cártel hay otra estructura criminal, Los Cuinis, que se dedican al comercio de anfetaminas que destinan a oriente; son ellos, según la DEA, quienes tienen el mando y la capacidad financiera de resistir los embates del gobierno.

Todo esto deja lecciones. La lucha contra los cárteles de la droga es un trabajo de Sísifo. El margen de ganancias es tan elevado que siempre habrá arrojados que quieran jugarse el todo por el todo. La detención o muerte de los capos no aniquila los cárteles, los poda.

Por eso la estrategia para combatirlos debe ser precisa. No se puede golpear a todos al mismo tiempo. Y hay que evitar que el efecto poda termine siendo peor que la enfermedad. Porque el vacío que se crea, se llenará más temprano que tarde.

Esa es la lección que deja la caída de Coronel y el ascenso del Cártel Nueva Generación.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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